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En el año 90 cuando daba clase de aerobic en el gimnasio Budo, Tina era mi alumna y era de las que nunca fallaba, me admiraba que a sus 60 años tuviera esa energía desbordante, me quedé con una frase cuando le pregunté si estaba casada, me dijo: viuda por la gracia de Dios, ahora entiendo eso pero por aquel entonces  no lo comprendí.

Ernestina Alonso Barcón, este fue el nombre con el que la bautizaron ya que una hermana de su padre y madrina se llamaba así, a ella nunca le gustó ese nombre y siempre la llamaron Tina, nació en Ferrol en octubre de 1930, su gemela, Mª Luisa, nació antes y tuvo la fortuna de recibir un nombre más bonito, para ella quedó el de Ernestina. Su padre era militar natural de Larouco, Ourense, y su madre oriunda del Ferrol donde se conocieron, de esa ciudad tiene pocos recuerdos, uno relacionado con el olor de un churro envuelto en papel de estraza paseando por la alameda, tenía 5 años, con 6 años se fueron a Segovia al cuartel de artillería, donde su padre entró como alumno en la academia militar, en plena guerra, 1936, fue llamado al frente y cuando ellas preguntaban a su madre ¿Dónde está papaíto? – su madre respondía en el frente. Ésto ellas no lo entendían ya que creían que era la acera de enfrente y les extrañaba que su padre no viniera a visitarlas a casa. En su casa de Segovia recuerda bombardeos constantes y a veces bajaban al refugio que había en el sótano de su casa, pero con la inocencia y divertimento del no saber que era eso de la guerra, cosas de tener 6 años.

Su padre al acabar la guerra fue destinado a Pontevedra, donde se vinieron a vivir, ya que le llevaba las cuentas a su tío José Boente Sequeiros

Silvino Alonso Boente, su padre, en agosto de 1941 era capitán de complemento (voluntario) en el regimiento 29 en Pontevedra. En el año 1944 estaba en el nº 10  en Pontevedra y asciende a comandante, luego llegaría a ser coronel de artillería y presidente del casino del año 1963 al 1966, durante su presidencia se hizo el parque de verano de A Caeira, que no le dejaron inaugurar, me dice Tina.

Tiene dos hermanos más, Menchu, a la que lleva 12 años y que ahora vive en Elche, y José Alfonso al que lleva 15 y que vive en Valencia. Su gemela vive en Venezuela.

Yo no vivo sóla, vivo conmigo, y hasta reñimos, a veces.

Tina Alonso Barcón

Su padre se vino para Pontevedra destinado y ella estudió en las Doroteas, recuerda a la madre Ramiro que también se encargaba de las antiguas alumnas. A ella le horrorizaba estudiar, sólo quería pintar, en su pasillo veo cuadros fechados en 1948 de los que apenas se acuerda haber pintado. Nadie la enseñó con las acuarelas, fue autodidacta y nunca sabía el resultado final de un cuadro. 

Conoció a Antonio, que era de la Bañeza, en el paseo en Astorga. Era guapísimo, rubio y de ojos azules, me dice; le digo que me hable del paseo y me cuenta que se hacía en todas las ciudades, en Pontevedra en la calle Oliva, donde vivía, desde las 12 hasta las 2:30 se paseaba y a ella  le gustaba asomarse y mirar desde la galería. Cuando conoció a su marido tenía 18 años y él 21, se casaron 4 años después. 

Él era representante de muebles y tenían un comercio en Astorga, pero las cosas no le fueron bien y se vinieron a vivir a Pontevedra, 

al principio estuvieron con sus padres hasta que pudieron independizarse y trasladarse a la casa donde ahora vive. Tuvieron 2 hijos: Ana Rosa que vive en Mozambique, la luz de mis ojos, me dice, y Luis Antonio al que quiere con locura, de él  me cuenta que vive en La Gomera y está soltero. Tiene un nieto, Rigel, que vive en Marbella. Con ellos habla regularmente por teléfono,  no así con su hija de la que se ha ido distanciando poco a poco.

Como lo suyo era la pintura, siempre que tenía ocasión pintaba 

Tenía un conocido que le hacia los marcos para sus cuadros, lo cual enfurecía a su celoso marido. Por todo esto, harta de los constantes abusos psicológicos, decide marcharse de casa, él le hizo chantaje emocional diciendo que se iba a suicidar solo para llamar su atención, pero  ella se fue y, ayudada por su hermana, se instaló en Venezuela. Antonio fue a buscarla pero volvió solo. En Venezuela, durante el año que estuvo, realizó varias exposiciones, saliendo en la prensa local como la famosa pintora española.

Con 48 años volvió a España y se instaló en Barcelona en casa de unos parientes. Allí buscó trabajo, primero vendiendo enciclopedias, cosa que no le gustó nada ya que veía que era una estafa para gente con pocos recursos, cuando lo dejo empezó a trabajar de chacha en casa de Toni Aparicio, director de la revista Pronto que ya estaba separado de su mujer Estrella Salietti, aparte de ella tenían una empleada externa, Tina se dedicaba a cuidar a los niños Toni y Beto. Allí conoció el lujo y excesos de las artistas del papel couché me cuenta cosas que no debemos desvelar ya que son secretos de alcoba que los propios interesados si quieren pueden airear.

Se fue de esa casa porque en uno de esos veraneos en Ibiza se encontró sola sin asistenta que la ayudara, vio un anuncio en la prensa que ponía: “ Se necesita señora de compañía dispuesta a viajar” y allá que se fue a una casa de paredes forradas de seda, suelos con alfombras persas y mármol de carrara pero en la que se comía pollo con habas hasta 3 días y se guardaban las sobras, la señora, que pertenecía a la burguesía barcelonesa, tenía una boutique de lujo de ropa interior en la Plaza de Cataluña. El único viaje que disfrutó fue llegar  a las puertas de Andorra, se quedaron en un centro comercial, la mala fortuna fue que la señora la atropelló fortuitamente con el BMW pero la hizo callar y le dijo que no dijera nada. Tina, con las piernas ennegrecidas, no denunció a la señora pero a las dos semanas se fue de su casa.  La cambió por la de un americano  al que su mujer había dejado por otro con el que se fue a París, él amenazaba con plantarse en la capital francesa y prenderle fuego a la casa. Esa vivienda era un ir y venir de amantes, Tina tenía que hacer esa cama enorme de sábanas de seda hasta 3 veces al día. Ella, por la tarde, se escapaba con Marco, el hijo del americano, en moto, para jugar a las cartas en casa de unos parientes. Allí cobraba 25 mil pesetas al mes y en su habitación contaba con televisión y baño. Durante esa época no tenía tiempo para pintar.

La llamaron de Pontevedra diciendo que Antonio, su marido, estaba muy mal y no tenía quien lo cuidara, ella volvió por humanidad y así se lo dijo a la familia de Antonio. Le dijeron que le quedaban 3 meses de vida y fueron 3 años, de los que no se arrepiente a pesar de ser muy duras las situaciones que tuvo que enfrentar ya que él se tiraba de la cama y tenía que tener un colchón en el suelo, ella con su hijo cuidaron de él hasta su muerte.

En esa época pintaba y hacía alguna exposición pero ya fue cuando enviudó cuando retomó los pinceles y creó  la mayoría de su obra.

Ahora con 90 años apenas ve, necesita asistencia para hacer las cosas de casa y dejó los pinceles hace ya 9 años.

Le encanta la política y la sigue en la televisión y la radio. Recuerda el último libro que leyó “El código Davinci”, le digo que hay audio libros para poder escucharlos, pero ella dice que un libro hay que vivirlo, estrujarlo, ojearlo… y que oírlo solo no le llega, necesita vivirlo.

Le gusta levantarse tarde y no tiene pereza en acostarse a las dos de la mañana si hay algún programa que la motive en la tele o la radio. Come sano y variado, tiene permanentemente a Diana, una empleada a la que puede pagar gracias a una pequeña subvención de la ONCE, que la ayuda en sus quehaceres y es sus ojos en la vida.

Nadar le encanta, pero ya no lo hace, estaba acostumbrada a nadar, hacer aerobic y salir a pasear diariamente con las amigas, el covid lo cambió todo y la tiene en casa recibiendo muchas llamadas de teléfono y pocas visitas.

Tiene un novio nuevo que la ayuda mucho, es su andador, sonríe.

Ha viajado mucho con el Imserso tanto sola como con amigas, siempre se apuntaba a Canarias y conoce todo Portugal, siempre se lo pasaba bien y disfrutaba cuando había baile ya que le encanta bailar.

Su sueño es que su casa tuviera ascensor, pero eso lo ve casi imposible.

Recorremos los rincones de su hogar, donde todo rezuma arte, la moqueta pintada, los retratos de juventud, el vestido de novia, sus hortensias pintadas ya de memoria; recuerda el mantel que me pintó de casi 3 metros hace ya 30 años, no tenía mesa donde colocarlo. Ahora quiere vender todas sus obras pero no tiene ganas de exposiciones. Se sabe de memoria cuando pintó uno u otro cuadro, solo hay uno que le aporta tranquilidad y sosiego y no quiere desprenderse de él.

Me despido de Tina mirando esos ojos transparentes que no ven pero guardan unas vivencias entrañables y un anhelo esperanzado por ver de nuevo a Ana, su hija.

Me quedo con su frase final “Yo no vivo sola, vivo conmigo y hasta reñimos, a veces”

Esta foto da dereita foi seleccionada para saír na publicación Vogue Italia.

A maioría das fotos son de Emi Ramírez

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