De la manzana a la sidra, un viaje apasionante

Avanza octubre, y en la cornisa cantábrica las manzanas empiezan a teñirse con su vestido definitivo: rojas, amarillas, verdes, todo un arco iris de colores que decoran los árboles como si fuesen de navidad.

Como hoy llovía, hemos aprovechado la mañana para darle flete, como Dios manda al llagar. La prensa de madera con toda la multitud de tablas que en un momento irán encima de la fruta y que con la ayuda del gato hidráulico irán apisonando la manzana, hasta extraerle la última gota; Los recipientes: cajas y canastos; los toneles, los metálicos, y los definitivos de madera de roble; toda la maquinaria: la mayadora, el refrigerador, la bomba, el gato… Todo bien lavado y desinfectado. Reluciente.

malladora

Por la tarde, en una tregua que dio la lluvia, nos apresuramos a recoger toda la manzana. Siempre se hizo en familia, y siempre se hará. Todos salimos a recoger la ilusión que durante 8 o 9 meses fue creciendo y fuimos mimando.

Con los primeros zamarreos llovía manzanas de los árboles. Luego había que trepar por ellos para recuperar las más adheridas, y, por último, con unas varas largas, golpeamos a las rezagadas. Se llenaban los cestos, se llenaban las cajas, y se iban vertiendo en sacos hasta llenar más de 25. Con las últimas luces tocaba transportarlos hasta el llagar, cuestas y más cuestas, a hombros, en carros, a mano. Exhaustos pero contentos, y agradecidos por tener la cosecha a buen recaudo.

Recolectando
Mallando
Manzanas
Cosecha de manzanas
Echando las manzanas
Echando las manzanas en la trituradora

Las primeras matemáticas dejaban entrever que había sido una buena cosecha. Unos 700 kilos que rindiendo a 0’7 litros por kilo serían unos 500 litros del preciado elemento. Habría sidra para dos años. Recordad que el manzano es un árbol de vecería, un año da bastante fruto y al siguiente se recupera, dando muy poco. Así que la cantidad elaborada tiene que cubrir dos temporadas.

Una buena cena, con un mejor postre, y las aventuras que, de la boca de los mayores tenían embobados a los más jóvenes. Risas y sonrisas que delataban que la jornada había sido bien aprovechada. Planificada la siguiente jornada, solo quedaba retirarse a descansar.

Lagar preparado
Limpio y desinfectado

Trituradora
Echando la manzana
Recogiendo el líquido
Recogiendo el líquido en el duerno

Con las primeras luces, y tras el desayuno, bajamos al llagar, toda la pumarada pasó de los sacos a las cajas, y de aquí, una vez retiradas las picadas, al baño, donde serían lavadas y definitivamente listas para ser mayadas.

Mientras secaban algo, fuimos haciendo crecer el cuadrado de madera, con hasta 5 hileras de tablas, más de un metro de alto, por el metro y medio cuadrado de la base. Colocada encima la máquina que haría pedazos las manzanas, solo quedaba ir vaciando todas las cajas, y repartir por todo el receptáculo la magaya.

Cuando la última manzana cayó y paró el ronroneo de las afiladas cuchillas, pasamos a colocar, por encima de lo triturado una tanda de maderos, los más gruesos, los gochos; y sobre estos listones otros algo más cortos, colocados de tal manera que, a modo de pirámide, traspasaran todo el empuje del gato de 30 toneladas hacia el fruto troceado, haciendo salir las primeras gotas. Al principio tímidas, hasta convertirse en sendos chorros que fueron llenando el duernu donde se recogía el líquido, una y otra vez. Se va traspasando a las cubas, donde se refrigera el mosto, y de aquí a los toneles. Este año se llenaría el más grande, el de 500 litros.

Al principio, sólo zumo de manzana, rojizo y dulce, que poco a poco iba cambiando a más claro, incluso se percibía la primera fermentación. El nivel de azúcar, que se medía por la densidad del líquido resultante, era elevado, excelente, lo cual presagiaba una calidad y una graduación óptimas.

Aquí no se añaden sulfitos, siendo la única química presente, el hecho de quemar dentro del barril unas pastillas de azufre que desinfectarían cualquier rastro de polución. Este tipo de sidra, así elaborada, y sin añadidos, permite degustarla, incluso abundantemente, sin temor al dolor de cabeza del día siguiente.

Descanso das botellas

Definitivamente en el tonel de madera de roble, descansaría durante unos 100 días, donde la magia de la química convertiría los azúcares de la fruta en el alcohol de la bebida. Todo en función de cómo vaya la fermentación: temperatura, bacterias, levaduras, y otras cosillas que obrarían el milagro.

Con el nuevo año, a finales de enero o principios de febrero, en la fiesta de la espicha, se probará cómo está ese caldo. 

Los allí reunidos, entre bocado y bocado, catarán y darán su beneplácito, o no. Y si los técnicos dan su aprobado se procederá al embotellado y encorchado de las típicas botellas verdes oscuras. Y ahí, en las baldas de la bodega, descansarán varios meses, hasta que, llegado el verano, o incluso más, pueda por fin consumirse, abriéndose el barril, con la máxima ilusión, en algún chigre, o en casa, entre familiares y amigos. Levanto mi vaso por todos. ¡Salud!

Vídeo resumen con algunos de los momentos de la elaboración de la sidra. Gijón, Octubre 2023

Ricardo de Ponga

Ricardo de Ponga

Profesor de Educación Física

Ricardo nació y vive en Gijón, ahora ya jubilado le encanta todo tipo de labores del campo y es un maestro panadero.

Elabora la sidra que consume en su hogar.

Le encantan las finanzas y hasta nos dio un curso de como invertir.

En lo profesional, estuvo 35 años como profesor de Educación Física en el IES Padre Feijoo de Gijón.
Además, colaboró como entrenador de balonmano principalmente en tareas de formación tanto en Clubs, como en la Federación Asturiana y Española en los programas de detección de jóvenes talentos.
También dirigió y participó como profesor en la Escuela de Entrenadores del Principado de Asturias.

Manolo Marrón

Manolo Marrón

Profesor de Educación Física

Manolo nació en Estepa, Sevilla donde sigue viviendo.

Le gusta la naturaleza, la música rock de los años 60 y 70 y el ajedrez.

Es fan incondicional de Bob Dylan.

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