Son las nueve de la mañana y el sol, aunque no hay nubes, se resiste a salir. O mejor dicho : hay un monte que se interpone entre él y el sol. Sale de su cabaña y mira en derredor suyo : esta mañana, la escarcha albea los árboles y la hierba. No hay viento, pero sí un frío glacial infiltrado en el aire. No observa ninguna señal de vida animal, salvo el discreto canto de un petirrojo mientras se escabulle entre las zarzas. Todos los demás animales  -grandes y pequeños-  amparados en algún refugio, duermen una especie de sueño de los justos, a la espera del discreto trompeteo in crescendo de los heraldos primaverales, aún lejanos.

 El café y la ropa de abrigo, han ido templando su cuerpo. Se dirige ahora  -sin prisa-  hacia una vereda que le llevará a una cañada y esta a una pequeña aldea distante. En torno a él, algunas avecillas, van rasgando el silencio sepulcral de la mañana y, poco a poco  -como ocurre en las orquestas sinfónicas cuando ensayan-  un coro de notas desiguales va anunciando la llegada de la luz del Sol. Atraviesa, de cuando en cuando, alguna garganta cristalina que, desde lo alto, bajando entre arbustos y robles, discurre también cantando. Va cobrando vida, pues, el paisaje, conforme avanza la mañana.

Divagaciones andarinas

El sonido profundo de doce campanadas ha llegado a su oído y, a su señal, se ha sentado en un cancho. Mira el horizonte, allá abajo : un encinar inmenso, inacabable, en una llanada infinita, tras la que aparecen las estribaciones del Sistema Central que hacen frontera con la provincia salmantina y con Portugal. Una piara de jabalíes atraviesa un arroyo, no muy lejos de él, arrancando en tropel y arruando al notar su presencia y desapareciendo después con rapidez entre las frondas. Continúa por una trocha y ya van apareciendo zahúrdas que, otrora, se construían con el abundante granito de la zona, hoy ya derruidas : y es que, en tiempos no lejanos, el ganado porcino era en Jarilla una importante fuente de alimento.

 Ha llegado a Jarilla : un pueblecito minúsculo, ya casi deshabitado como tantos otros. Atraviesa un puentecillo salvando un cauce que baja atropellando barranqueras desde el monte. Continúa por calles solitarias y mudas y sólo escucha algún quedo murmullo que surge de entre el granito que compone las casas apiñadas. Pocos pasos le bastan para arribar a la pequeña Plaza de España, donde hay una fuente de dos caños y desde donde descubre, algo encaramada, la portada de la iglesia parroquial, flanqueada por dos vetustos olmos. Mientras se dirige a ella, rompen el silencio los sones rotundos que expande la campana del alto campanario exento.

Está ya en el interior del diminuto templo. Recurrentes dudas existenciales vuelven a él. Recuerda cuando era adolescente y no tenía dudas : había Vida Eterna y todo, pues, estaba bien. Ya no es así. Recuerda con decepción aquel esperanzador azul índigo de los muros de Santo Domingo  -cuando aún iba a misa-  con aquella pátina polvorienta que le aportaba una tonalidad única : hubo un tiempo en que ese azul le prometía llegar al Paraíso.

Hoy, el único Cielo en el que cree es el Aquí y Ahora y la Naturaleza : donde todo nace y todo muere, en un incesante ciclo marcado por la impermanencia. Son días cortos los de invierno : ha de volver. Atraviesa nuevamente alcornocales, encinares y robledos. El Sol, generoso, ha caldeado hoy el bosque ; pero está ya cercano a su ocaso : muy pronto, las sombras lo irán sembrando de nuevo de tinieblas y el frío irá envolviendo en el mutismo al paisaje. Ya ha llegado hasta él la lúgubre llamada de algún cárabo tempranero. Cerca está ya de llegar a su aposento.

foto d andainas

La luna, algo creciente, lleva toda la tarde visible en el añil. Poco a poco, a medida que oscurece, va destacando más intensamente, como una preciosa moneda blanca prendida en el Cielo. Sin duda  -piensa mientras la observa-  se cierne otra noche gélida que traerá carámbanos a los charcos y hará tiritar a la hierba y las rocas con la escarcha.

 Luis P. Molano.

02/02/2024

Luis Palomo Molano

Luis Palomo Molano

Breve semblanza.
Luis Palomo Molano. Nací en Plasencia (Cáceres), estudié Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid y me especialicé en Psicología Clínica en la E. de Psicología y Psicotecnia de la Universidad Complutense de Madrid.
Muy interesado en la temática psicosocial -dada la estrecha relación entre lo individual y lo social- y las desigualdades, realicé un Máster de Gerencia de Servicios Sociales en la Universidad de Extremadura de dos cursos académicos, además de otra variada formación en el mismo ámbito.
Mi actividad laboral ha sido diversa : deficiencia mental en INSERSO (hoy, competencias ya transferidas a las comunidades autónomas) ; marginación social, en CÁRITAS, ALDEAS INFANTILES SOS (en la Aldea del barrio tinerfeño de El Tablero), etc. ; dirección de programas formativos y laborales de Atención Sociosanitaria a personas dependientes en el ámbito privado e institucional, Inadaptación de Menores, etc. ; Psicología Clínica, etc. Mi principal ámbito laboral, ha sido el de los Servicios Sociales, particularmente en programas de Familia e Infancia y en Dependencia.
Durante un tiempo, colaboré con los diarios regionales “Hoy” y “Extremadura”, como articulista sobre temas básicamente profesionales, referidos -en general- a la Comunidad Autónoma Extremeña.
Luis. 11/10/2022

Identidad & Libertad

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