Manuela Gándara Buceta (Lela) nació en Outeiro, Portas en mayo de 1920, primogénita de Dositeo Gándara Morigosa, (Brañas, Toques a Coruña)(1896 – 1988) y Manuela Buceta Blanco (1894- 1957) los dos oriundos de Portas, tuvo 8 hermanos de los que sólo queda Manolo.

Estudió en la escuela del pueblo cerca de la iglesia cuando aún los chicos iban con el maestro y las chicas con la maestra.

El trabajo de contratista de obras de su padre los hizo mudarse a Marín, allí haría la parte final de la escuela naval y la lonja. Ella estudiaba en las monjas en el Colegio de la Inmaculada.

En 1930 se vinieron para Pontevedra, su padre abrió un café, Kursal, en la calle Oliva  que hasta tenía escenario con actuaciones de vedettes. El régimen de Franco les obligó a cambiar ese nombre de origen ruso por el de cafetería Galicia, quedaba justo enfrente de correos en la entrada de las primeras galerías, su hogar se encontraba en la trasera del negocio,  contaba con una huerta de 200 m2, donde plantaban patatas y verdura, que se prolongaba hasta general Mola.  Las habitaciones eran compartidas, ella dormía con su hermana y sus hermanos dormían también juntos.  Su padre les tenía prohibido ir a la sala pero más de una vez miraban a través de una cristalera lo que acontecía en el cabaret, recuerda que había un escenario y un reservado donde iban los señores a jugar o entablar conversación con las vedettes. De vez en cuando había algún destape y se escuchaba el rumor de la sala.

“Tenía un Seat 600, que sigue por ahí, me dice. Dejó de conducir a los 66 años por la edad .”

Manuela Gándara Buceta

En esa casa recuerda que en el primer piso vivía un dentista y en el 3º Paredes, el de los periódicos.

En el año 34 con la crisis del carbón en Asturias, empezó a haber menos gente en el Kursal y su madre y algunos hermanos decidieron volver a la aldea. En Pontevedra se quedaron su padre, su hermano Dositeo y su hermana Josefa (Pepita). Su padre era reacio a volver al pueblo pues temía que sus hijos se embrutecieran, su madre decía que mejor eso a morir de hambre.

En 1938 volvieron a la villa y se cambian a la calle Peregrina, donde sigue residiendo.

Siempre fue muy independiente, se considera liberal, pero no libertina, le gustaba dar paseos y sentarse en un café del marido de su hermana que tenían al lado de casa, allí conoció a Juan, un guardia civil que solía sentarse con un amigo en ese café, un día le preguntó si iba al cine y al decirle que si, le dijo: “ te invito yo”, así empezó una relación que duró dos años y medio hasta que a él lo destinaron a Lalín, pero  le escribía todos los días sin falta.

Un día la novia del amigo de Juan, algo celosilla, ya que sabía que a su novio también le gustaba Lela, le dijo que Juan acompañaba a otra en Lalín, ella con la rabia y sin reflexionar envolvió todas sus cartas y se las mandó de vuelta. Cuando él vino a Pontevedra no se atrevió a hablar con ella y ya nunca más supieron uno del otro.

Ese fue su gran y único amor.

Su ilusión era tener un puesto en el recién inaugurado mercado municipal, en las arcadas exteriores, se lo dijo a su madre que intentó convencer a su padre pero este dijo: “ella tiene mucho que hacer en casa”

Su hermano Manolo quiso irse a Venezuela porque había muchas opciones de trabajo allá, aquí dejó a su novia con la que se casó por poderes más tarde. Cuando ésta se fue también para allá le preguntó a Lela porque no iba con ella, tenía 32 años, le entró un cosquilleo en el estómago y decidió irse, otro hermano le dejo el dinero para el pasaje. Embarcaron en el Santa María, un barco lujoso para la época.

venezuela

En Caracas, en el barrio, Mercedes, trabajaba en un bazar que vendía de todo, allí estuvo 5 años.

Kursal

Calle de la Oliva en la época del Kursal

En su casa todos fumaban menos ella, pero una noche en una discoteca en Venezuela una chica que le había presentado su hermano, le preguntó: “¿Fumas?” Ella le dijo que no pero la otra le insistió en que probase y como no quería ser considerada pueblerina probó; el primero le supo muy mal, el siguiente algo mejor y ya empezó el hábito con cigarrillos rubios hasta que una noche, 30 años después, notó un dolor muy fuerte en el pecho y llamó al 061 era un amago de infarto y dejó de golpe la cajetilla diaria gracias a los chicles sin azúcar que tomaba cuando le daban ganas de fumar.

Regresó a Pontevedra a la muerte de su madre, 1957, en la casa ya no quedaba nadie porque todos se habían ido casando y ella era la única soltera, en aquella época era lo que tocaba, la soltera con los padres.

Se quedó atendiendo a su padre viudo hasta que éste se volvió a casar con 63 años con una jovencita de 23 con la que tuvo varios hijos, ellos se fueron a vivir a la casa materna en Portas. Lela iba  allí a visitar el cementerio todos los sábados y de paso a su padre. Cuando este se quedó ciego le pidió que lo llevase a su casa y así fue, Lela le dijo: “mi casa es la tuya”, tenía 88 años y se murió en Pontevedra con 91.

gandara

Le pregunto por sus sobrinos y me dice: “te voy a decir como mi padre, os netos xa os miro por ferrados”. -Confiesa que tiene muchos, algunos en Madrid como su sobrina Merce, y José en A Coruña.

Le encanta el fútbol y fue socia del Pontevedra, no se perdía un partido de Pasarón. Dice que si tuviese que elegir otro equipo sería el Madrid. En la televisión aparte del fútbol ve las noticias, no es amiga de las series, eso engancha.

Le encantaba leer, pero ahora como perdió mucha vista ya no lo hace; también le encanta el cine no se perdía las sesiones en el coliseo donde debía ir a la sesión de las 5 ya que en su casa, su padre, cenaba a las 8. Recuerda una anécdota allí, a donde  iba frecuentemente sola: se sentaron unos marineros a ambos lados y uno de de ellos intento tocarle una pierna, ella sacó un alfiler de la solapa y se lo clavó, el chillido se oyó en la sala y el marinero se excuso saliendo de ese lugar.

Come sano y variado, no le gustan los dulces, le encanta salir a comprar y va ella misma al mercado. Su secreto de agilidad es que camina una hora por la mañana y otra por la tarde, aunque reconoce que con el confinamiento le afectó no poder dar esos paseos.

jardin

Tenía un 600 que sigue por ahí, me dice. Dejó de conducir a los 66 años por la edad y nos reímos.

No le gusta estar sola, en su casa tuvo alquiler de habitaciones, siempre a chicas y mayormente de Ourense, venían a trabajar a organismos públicos, sobre todo a Hacienda. Llegó a tener hasta 6 personas, ahora con la pandemia y los años prefiere no tener a nadie y recibe visitas de sus sobrinos y su hermano.

Hace unos días recibió la llamada del ayuntamiento diciendo que le iban a traer un ramo por su 101 cumpleaños, ella prefirió ir a recogerlo personalmente y allí estuvo charlando amigablemente con el alcalde.

Le gusta dormir y si tiene que madrugar que sea por una buena causa.

La dejo mirando ese jardín que tiene tras su casa, un oasis dentro de la ciudad que le permite aislarse del ruido y respirar cada mañana acompañada del piar de los pajarillos.

Con el alcalde el día de su 101 cumpleños en mayo 2021.

Ana Santos Solla

Ana Santos Solla

Profesora de Educación Física

Son Ana Santos, nacín en Pontevedra no ano 1960, a miña infancia estivo moi ligada a Santa María de Xeve, a terra da miña nai, son a terceira de 8 irmáns, a maior das mozas, a máis vella como me dicían de pequena. Sempre me gustou o deporte e estudei INEF en Madrid, estiven 34 anos no IES Valle Inclán impartindo Educación Física alí foi onde coñecín ao resto dos meus compañeiros que agora me acompañan neste proxecto. Decidín xubilarme para dar un novo rumbo á miña vida e levar a cabo este tipo de iniciativas como @devellabella ue pretende que o envellecemento activo convértase en embelecemento persoal e poder achegar a miña experiencia nesta etapa da vida.

Nós os maiores aínda temos moita guerra que dar, espero que este blogue motívevos a querer colaborar connosco.

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