Si nos remitimos a manuales como el DSM-V o el “Tratado de psiquiatría” de Henri-Ey, P. Bernard y Ch. Brisset, veremos que la denominación “Personalidad pasivo-agresiva” no aparece o lo hace de manera muy indirecta: y es que en Psicopatología se han establecido no pocas clasificaciones a lo largo de su historia. Sin embargo, tal denominación sí está presente en el DSM-IV y el CIE-10, además de en otras categorizaciones.

Cuando se pregunta al ciudadano común si sabe algo respecto a qué caracteriza básicamente a una personalidad pasivo-agresiva, casi nadie lo sabe concretar suficientemente, si bien cualquier persona se ha topado  -y, con frecuencia, sufrido-  con personas que presentan el comportamiento propio de tal perfil de personalidad. 

¿Cuál es el rasgo caracterial que define esencialmente a las personalidades pasivo-agresivas? La respuesta, está intuitivamente implícita en la misma denominación: 1) ante un hecho que se percibe  -realista o irrealistamente-  como ofensivo (o aun sin este “requisito”), se adopta una actitud de “pasividad”, disfrazada de amabilidad y/o aparente indiferencia. 2) en una ocasión que se valora como adecuada para ello, se reacciona mediante alguna modalidad de agresión. En román paladino, que entiende todo el mundo : la personalidad pasiva-agresiva, “te la tiene guardada” y, mientras llega el momento, actúa “como si nada le hubiera afectado”, aunque no sea así ; o agrede de manera aparentemente “inintencionada”, de una manera “camuflada”.

Bastante gente, cuando se habla con ella del tema, se forma la idea inicial de que una personalidad pasivo-agresiva es siempre una persona a quien en su trato se le nota un carácter  -de una u otra forma-  agresivo. Sin embargo, en este tipo de perfiles no es así, sino todo lo contrario. Precisamente, la clave de la potencia de su agresión está en el desconcierto que produce la misma cuando tiene lugar por fin, dado que el agredido  -generalmente-  no asocia la misma al hecho causante, anterior en el tiempo (o inexistente)  y, para más inri, el agresor tampoco lo explica. Es más: muchas veces, tales agresiones se llevan a cabo “con total amabilidad”: pero una amabilidad falsa, planificada, consciente de que está dirigida precisamente al objetivo de lograr todo lo contrario : el daño vengativo y/o gratuito. Un daño que puede adoptar innumerables formas, como  -por ejemplo-  la más absoluta indiferencia. Muchas veces, quienes infringen tales daños son personas “educadas”, adaptadas socialmente, pero   -como se dice vulgarmente-  más falsas que Judas”.

Esto es lo que dice el psiquiatra Daniel K. Hall-Flavin, M.D. al respecto:

   La conducta pasivo-agresiva es un patrón que consiste en expresar sentimientos negativos de forma indirecta en lugar de abordarlos abiertamente. Hay una desconexión entre lo que la persona que presenta la conducta pasivo-agresiva dice y lo que hace.

Por ejemplo, alguien que tiene una conducta pasivo-agresiva podría parecer aceptar, quizás incluso con entusiasmo, el pedido de otra persona. Sin embargo, en lugar de hacer lo que se le pidió, podría expresar ira o resentimiento al no cumplir con el pedido o con un plazo.

Signos específicos de la conducta pasivo-agresiva:

  • Resentimiento y oposición frente a las exigencias de otros, sobre todo a las exigencias de personas en posiciones de autoridad.
  • Resistencia a la cooperación, procrastinación y errores intencionales en respuesta a las exigencias de otros.
  • Actitud cínica, sombría u hostil.
  • Quejas frecuentes sobre sentirse subestimado o engañado.
personalidades 2

Si bien la conducta pasivo-agresiva puede ser una característica de distintas afecciones de salud mental, no se considera una enfermedad mental en sí misma. Sin embargo, la conducta pasivo-agresiva puede interferir con las relaciones y causar dificultades en el trabajo.

     Ahora bien, hay que tener cuidado, porque a veces los comportamientos, aunque sean muy parecidos o tengan ciertas similitudes, no responden a los mismos tipos de personalidad : hay personas que, refiriéndonos a la indiferencia que citaba antes, su conducta no responde a un interés propiamente agresivo, sino  -por ejemplo-  evasivo o incluso a una mezcla de ambos. Un ejemplo : el típico familiar que  -con excusa más bien falsa que verdadera-  pone tierra de por medio ante la conflictiva familiar y   -eso sí-   mantiene respecto a los miembros de la misma una política de “comunicación asimétrica” (nunca  -o muy infrecuentemente-   “aparece” : únicamente, responde a las iniciativas unilaterales por parte de los demás (manteniendo, según el caso, determinadas alianzas por afinidad afectiva o de otro tipo) ; y  -eso sí-  con amabilidad, mucho jiji-jaja y sin un mínimo de genuino interés, procurando ignorar o desviar “simpáticamente” determinados temas, tras lo cual “si te he visto no me acuerdo y hasta la próxima”). Tal vez puedas preguntarte qué motivo puede llevar a alguien a actuar con tal “comunicación asimétrica”, dado que no tiene un interés en mantener una relación familiar “normal”. La respuesta es que  -entre otras cosas-  podría muy bien ser  (aunque es verdad que, en muchas ocasiones se trata solo de un “alejamiento saludable” frente a determinadas toxicidades y, por tanto, conveniente) una conducta instrumental para obtener posibles beneficios. ¿Qué beneficios ? Al respecto, podríamos referirnos a varios, pero para no ser prolijos quedémonos con dos : 1) el objetivo de no participar en la dinámica familiar conflictiva y/o afectada por problemas : una desconexión que aporta una vida mucho más tranquila 2) el mantenimiento artificial del vínculo para no quedar íntimamente, en el propio fuero interno y ante los demás   -evitando así un posible sentimiento de culpabilidad y posibles “acusaciones”-  como un “desertor” y un desagradecido. Tales sujetos, generalmente, no solo se conforman con adoptar la citada actitud de “desconexión”, sino que  -además-  juzgan a aquellos de quienes se han desconectado de una manera errónea e injusta. ¿Por qué? Porque a causa de su voluntaria desconexión  -además de su posible déficit analítico-  sus elementos de juicio no son acertados, sino todo lo contrario. Así, sus conclusiones están viciadas por una ausencia de adecuados elementos de análisis. Por otro lado  -por si ello fuera poco-  con mucha frecuencia creen que su “verdad” es “la verdad” y, en consecuencia, culpabilizan a los demás erróneamente, atribuyéndoles incumplimientos de responsabilidades y/o culpas que en realidad pueden no tener : y es que, amigos, como bien sabéis, es muy fácil “vivir y ver los toros desde la barrera” ; inmensamente más fácil que desde las manoletinas.

        Como es fácil de intuir, las personalidades pasivo-agresivas o las que vamos a llamar “desapegadas” las podemos encontrar en diversos ámbitos, aunque  -generalmente-  donde afectan más a los afectos es en el ámbito familiar, lógicamente. En otros, como el de la amistad, grupos de participación social, etc. Por ello, queridos amigos, ¿no os parece que antes de depositar nuestra confianza en alguien conviene ser prudente, hasta conocer suficientemente a tal persona? No : no se trata de adoptar una actitud paranoide. No hay que confundir la prudencia con la excesiva desconfianza. No es lo mismo tomar un pasajero café con alguien que encontramos por la vida a nuestro paso que con alguien cuyas características relacionales entre ambos tienen importantes implicaciones.

 

      Fdo. : Luis Palomo Molano    07/05/2025    

Luis Palomo Molano

Luis Palomo Molano

Breve semblanza.
Luis Palomo Molano. Nací en Plasencia (Cáceres), estudié Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid y me especialicé en Psicología Clínica en la E. de Psicología y Psicotecnia de la Universidad Complutense de Madrid.
Muy interesado en la temática psicosocial -dada la estrecha relación entre lo individual y lo social- y las desigualdades, realicé un Máster de Gerencia de Servicios Sociales en la Universidad de Extremadura de dos cursos académicos, además de otra variada formación en el mismo ámbito.
Mi actividad laboral ha sido diversa : deficiencia mental en INSERSO (hoy, competencias ya transferidas a las comunidades autónomas) ; marginación social, en CÁRITAS, ALDEAS INFANTILES SOS (en la Aldea del barrio tinerfeño de El Tablero), etc. ; dirección de programas formativos y laborales de Atención Sociosanitaria a personas dependientes en el ámbito privado e institucional, Inadaptación de Menores, etc. ; Psicología Clínica, etc. Mi principal ámbito laboral, ha sido el de los Servicios Sociales, particularmente en programas de Familia e Infancia y en Dependencia.
Durante un tiempo, colaboré con los diarios regionales “Hoy” y “Extremadura”, como articulista sobre temas básicamente profesionales, referidos -en general- a la Comunidad Autónoma Extremeña. Luis. 11/10/2022

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