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Sal y Azúcar tuvieron dos hijos

 Sal había olvidado los años que tenía, pero se sentía un hombre viejo.

 Usted es de 1918 -le recordó la enfermera que le cuidaba.

 Pasó cinco años realizando trabajos forzados en una cantera después de la guerra civil, acusado de anarquista y judeo-masón. Cuando lo liberaron tenía veintiséis años y casó con Azúcar, una joven de diecisiete años de su pueblo. Su mujer le dio dos hijos: Pedro y Pablo.

 La mujer engordó tanto, después del segundo parto, que tenía que encargar la confección de sujetadores y bragas a su medida en una tienda del pueblo para tallas inverosímiles. Murió de una sobredosis de tiramisú y donuts.

 Sal, soltero de nuevo, con treinta y tres años, se consagró a sus hijos.

La carencia de una mujer la suplía con tabaco, alcohol y buen corazón.

 Un año después de la muerte de su esposa, le detectaron un cáncer de piel. Con voluntad y dolor lo superó.

 A lo largo de los muchos años le diagnosticaron: gastritis, úlceras, neumonía, asma, aterosclerosis, cataratas y tuberculosis. También fue operado a lo largo de su vida de la rotura del fémur de su pierna derecha, de la fractura de la clavícula y de una fístula anal. Superó la varicela, la calvicie y el Covid.

 Volvieron a ingresarlo de nuevo en el hospital, de un dolor indefinido junto al corazón. Sabía que había llegado su hora y que ya no debía luchar.

 Sal era un hombre inteligente y trabajador que, con mucho esfuerzo y tesón, y a pesar de los obstáculos que le puso la vida, sacó a sus hijos adelante a la vez que acumuló un pequeño patrimonio.

 Pedro llegó a ministro del PP y a Pablo lo atrapó el budismo alcanzando la sabiduría como lama.

 Sal quiso repartir su herencia, antes de morir, entre sus dos hijos y los llamó a su lado, cuando ya estaba seguro de que le faltaban horas para abandonar este valle.

  •  A ti Pablo, que eres menor y más pobre, te voy a dejar esto, eso y aquello.

 Pablo no dijo nada y asintió. Se acercó Pedro junto al lecho donde estaba su padre

  •  A ti Pedro, que ya tienes de todo, te dejaré esto otro, eso otro y aquello otro.

 Pedro arrugó el entrecejo y dijo

  •  Pero padre esto no es justo, a Pablo le diste más y lo que le concediste tiene más valor

 Pablo se acercó, y anticipándose a la respuesta de su padre, indicó

  •  Padre dáselo todo a Pedro. Yo ya tengo algo que el no tiene y nunca podrá tener.

 Sal y su hermano lo miraron sorprendidos y confusos y el viejo le preguntó

  •  Hijo mío, ¿qué es lo que tu tienes que no tenga tu hermano?

 

  • Yo ya tengo suficiente, padre.

José Luis Vázquez

Jose Luis Vázquez

Jose Luis Vázquez

Escritor

Estudió Ciencias Económicas en la Universidad Central de Barcelona y cursó un máster en Dirección de Marketing en EADA.

Ha trabajado como directivo financiero y de logística en varias empresas de logística y alimentación.
Ha realizado numerosos viajes de aventura por los cinco continentes, ascendiendo montañas, conviviendo con tribus y cruzando ríos y mares.

Le encanta el cine, y los wésterns en particular.
Lector empedernido: novela, historia, ciencia y filosofía.
Cursó tres años de Narrativa y Novela en la prestigiosa Escola d’Escriptura del Ateneu de Barcelona.
Ha publicado dos libros: Clara y algo más, de cuentos, y La memoria en color, autobiográfico.
Barrabás el Sicario es su primera novela.

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