En el islam, los perros son animales najis, impuros. No los prohíbe, pero los desaconseja, salvo los que se usen para pastoreo o caza o custodia. Normalmente los musulmanes no tienen perros. El islam prohíbe marcarlos, maltratarlos o matarlos.
En Omán aceptan los perros como mascotas, aunque los consideran impuros, pero existen muchísimos perros abandonados y en muy malas condiciones. La policía tiene pleno derecho a dispararles.
En Arabia Saudi se permiten las mascotas con estrictos permisos sanitarios y de registro. Se ha de tener visa de trabajo o residencia, no se pueden tener con visa de turista. En muchos lugares está mal visto pasearlos.
En Qatar los extranjeros pueden tenerlos, pero no pasearlos por parques o playas. Son poco comunes.
En Irán está prohibido pasear perros en Teherán y en numerosas ciudades. No está ilegalizado tenerlos en casa, pero existen numerosas restricciones que han aumentado recientemente.
En Dubái, flamante paraíso de influencers, millonarios y snobs, aunque también son impuros, existen playas y parques pet friendly. No hay nada que el dinero no pueda solventar, incluidos los prejuicios religiosos.
Que un genocida como Netanyahu y unos autócratas como los ayatolás podían tener un desencuentro serio era una sospecha muy fundada, pero nadie creía que pudiera desembocar en una guerra como la que asola a todos los países de oriente medio, incluido Chipre, Turquia y Azerbaiyán. Y, lo que menos cabía esperar, es que el ejército de EEUU tuviese un papel devastador y primordial en el desastre. El caos, el terror y el desespero asolan a esos países. La economía mundial hace cola a las puertas de la UCI y nadie es capaz de hacer un pronóstico de cómo puede acabar todo.
Al rubio-platino-rosado Trump dejó de interesarle el premio nobel de la paz y ahora está empeñado en conseguir el premio al desastre de nerón. En su ministerio de guerra (antes de defensa), colocó a Pete Hegseth, un comentarista político ultraconservador, antiguo soldado en las guerras de Bagdad, Samara y Afganistán, más tarde apartado de la Guardia Nacional que debía proteger la investidura de Joe Biden y con varios tatuajes de carácter cristiano y ultranacionalista. A él y a su jefe les gusta presumir de los desastres que causa su ejército, son malas personas e insolventes en empatía.
Dubái, desde hace unos años, se llenó de influencers y nuevos ricos españoles, a la fuga para evitar pagar impuestos en España. Y presumían de ello. Las redes van preñadas de imágenes de estos especímenes enseñándonos a los demás sus lujosas casas, sus extraordinarios coches y sus bien acicaladas mascotas.
Hasta que llegó el cataclismo Trump-Netanyahu-Ayatolás.
Como además de ricos son cobardes, ante las primeras dificultades, todos intentaron ponerse a salvo y huir. Entonces se acordaron de España y olvidaron los altos impuestos que aquí se pagan. Pero en los desastres las salidas son pequeñas y cargadas de escollos.
A las dificultades habituales, prisas, controles y restricciones, se añadió el qué hacer con las mascotas de las que tanto habían presumido. Además, los costes de transportarlas se incrementaron sustancialmente. Entonces surgió el verdadero carácter de estos sinvergüenzas: lo primero que intentaron fue que sus carísimos veterinarios les practicaran una eutanasia oportunista. Ante las reticencias o negativas de estos, decidieron abandonarlos: dejándolos sueltos en la calle, atados a un poste o en medio del desierto. Y las redes se llenaron de perros abandonados por doquier en Dubái.
Las guerras tienen víctimas. Las mascotas suelen ser las primeras.
José Luis Vázquez
Marzo 2026

Jose Luis Vázquez
Escritor
Estudió Ciencias Económicas en la Universidad Central de Barcelona y cursó un máster en Dirección de Marketing en EADA.
Ha trabajado como directivo financiero y de logística en varias empresas de logística y alimentación.
Ha realizado numerosos viajes de aventura por los cinco continentes, ascendiendo montañas, conviviendo con tribus y cruzando ríos y mares.
Le encanta el cine, y los wésterns en particular.
Lector empedernido: novela, historia, ciencia y filosofía.
Cursó tres años de Narrativa y Novela en la prestigiosa Escola d’Escriptura del Ateneu de Barcelona.
Ha publicado dos libros: Clara y algo más, de cuentos, y La memoria en color, autobiográfico.
Barrabás el Sicario es su primera novela.
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