Pedro Ayuso Sierra por Ana Santos Solla

Pedro Ayuso Sierra por Ana Santos Solla

Hay vidas que parecen ir en línea recta, sin grandes sobresaltos… y otras que se van construyendo a base de giros, decisiones valientes y encuentros que llegan cuando menos los esperas. La de Pedro Ayuso Sierra es de estas últimas. Una vida de trabajo, de viajes, de caídas y de volver a levantarse… y también de ese amor que aparece cuando uno ya casi había hecho las paces con la soledad.

Pedro es el marido de Rosabel —su historia ya la conté—, un amor bonito que llegó en un momento en el que él pensaba que quedarse solo iba a ser su destino.

Pedro es hijo de Félix Ayuso y Otilia Sierra. Sus raíces vienen de lejos, de esa España de pueblos que empujaba a marcharse. Por parte de padre, de Medina de las Torres, en Badajoz. De su abuelo Blas le hablaban como un hombre autoritario; de su abuela Julia apenas supo nada. Por parte de madre, de Peñarroya-Pueblonuevo, en Córdoba: su abuelo Juan era capataz en una finca, de vacas y cerdos, y su abuela Catalina trabajaba en la hacienda.

Su madre, Otilia, era la pequeña de ocho hermanos. Una familia de las de antes, marcada por la emigración: muchos a Barcelona, otros a Madrid. La familia de su padre, en cambio, también tuvo que marcharse, en su caso a Alemania, muy cerca de Austria.

Y quiso el destino que todos acabaran coincidiendo en Peñarroya. Allí se conocieron sus padres: él en la mina, ella limpiando en las oficinas. Y como tantas veces pasa, fue en un baile donde empezó todo. Y ya no se separaron.

Se casaron y se fueron a Cartagena a trabajar en una fábrica minera. Cuando su madre se quedó embarazada, decidieron que volviera a Madrid, a casa de su hermana Carmen, por la zona de Cuatro Caminos. Allí nació Pedro, el 26 de febrero de 1953, en Chamberí. Eran años complicados, con el miedo a los robos de bebés en las maternidades, pero su madre —pequeña, pero muy despierta— “no quitaba ojo”.

Pedro tardó en conocer de verdad a su padre. Hasta casi los tres años no se fue a Cartagena a vivir con él. Durante mucho tiempo le llamó “el Félix”, nunca “papá”. Hasta que un día, con ocho años, un tío le dijo: “¿Y por qué no le llamas papá?”. Ese mismo día, al verlo marchar, lo hizo. Y algo cambió.

En Cartagena fue al colegio de Santa Lucía, solo de chicos. Recuerda las colas para tomar leche, los viernes en los que el profesor decía que “ya le preguntaría al cura quién había ido a misa”, y la obligación de llevar justificante. Y también ese altillo de piedra desde donde, en los recreos, algunos gitanos les tiraban piedras.

Era un niño espabilado, muy despierto. Tanto, que hizo cinco cursos en tres años. Y guarda recuerdos muy vivos de sus profesores: Don Julio, alto y delgado; Don Julián, serio y de mano fácil con la regleta; Don Juan, calvo y con gafas redondas; y Don Germán, el director que casi nunca estaba.

Pedro Ayuso con 4 anos
Pedro con el casero, con cuatro años

Siempre destacó en Matemáticas. Le gustaban de verdad. Sacó la mejor nota de la provincia y pudo haber ido a la Universidad Laboral de Sevilla, pero su madre no quiso que se fuera. Siguió estudiando y también se le daban bien la Geografía y la Historia.

Si hay un profesor que recuerda especialmente es el de Educación Física, José Luis Villaverde. Porque le animaba, porque le hacía creer que podía. “Tú puedes hacerlo”, le decía. Y Pedro se lo creyó.

“Un día, un compañero le soltó: “¿Te quieres ir a América?”. Era 1971. Y dijo que sí.”

Pedro Ayuso Sierra

Con doce años se sacó el graduado escolar por libre y empezó a trabajar: vendiendo periódicos, en una tienda de tejidos… lo justo para tener sus cosas y, sobre todo, para poder ir al cine.

equipo balonmano
Pedro con 16 años, agachado cuarto por la izquierda. Equipo de balonmano Marenostrum
Pedro con 16 años
Pedro con 17 años
Pedro en 1971
En el barco que iba a América. 1971

A los diecisiete, y muy a pesar de su madre, se alistó voluntario en la Marina. “La Marina te llama”, decían los anuncios. Y él fue. Hizo la instrucción en Cádiz y, por una mala jugada al elegir destino, acabó en Ferrol en vez de en Cartagena. Allí pasó un año formándose como mecánico y después se fue a Palma de Mallorca.

Y entonces llegó una de esas decisiones que te cambian la vida. Un día, un compañero le soltó: “¿Te quieres ir a América?”. Era 1971. Y dijo que sí.

Se fue a Virginia sin saber inglés. Estuvo tres meses en la mayor base americana, donde también enfermó de tuberculosis. A la vuelta, casi sin fuerzas, un amigo le dijo: “Ayuso, cuando lleguemos a Ferrol deberías pasarte por el hospital”. Y así fue. Y lo tenía.

Con diecinueve años ingresó en el sanatorio de la Marina en Madrid. Allí se acabaron el deporte y los grandes esfuerzos. Le dijeron: “Si quieres volver, tienes que operarte”. Y lo hizo, sin decírselo a su madre.

Volvió, se hizo cabo primero y regresó a Ferrol.

Y allí, en un hospital, apareció su primer amor. Estaba visitando a un amigo y, desde un pequeño balcón, vio pasar a una enfermera con bocadillos y Coca-Colas. Era Pilar. Se encontraron al salir. Y seis meses después, en julio del 76, se casaban.

Pero no todo fue fácil. Una noche, después de un baile, lo detuvieron. Los grises. Le dieron dos opciones: “O te vas por las buenas… o acabas en San Felipe”. Y decidió marcharse.

Con Abrahan en Ferrol
Con Abrahan en Ferrol y un pulmón menos. 1975

Volvió a Cartagena. No lo cogieron en una refinería, pero sí en una empresa de montaje como soldador. Allí estuvo del 78 al 81. Allí nació su hija Mari Carmen, “hija de Tejero”, como dice él por el año.

Después se embarcó en la Marina Mercante. Se fue seis meses en un petrolero hasta Rumanía, recorrió la costa de Europa, pasó por Bruselas, Zúrich… y se quedó con recuerdos pequeños, como unos zapatitos rojos de charol que le compró a su hija.

arsenal militar
Pedro en el arsenal militar de Cartagena con Diego. 1991
maitre 1994
Pedro de maitre. 1994. Segundo a la izquierda

En 1991 dejó el mar. Su hermano le avisó de unas plazas para la cárcel y casi sin tiempo reunió los papeles. Con ayuda de su mujer, incluso tuvo que “apañar” algún trámite. La cárcel cerró, pero él no se conformó: peleó, denunció, y consiguió un puesto en un arsenal militar como especialista en seguridad naval. Allí trabajó hasta 2014. “Controlaba lo que otros controlaban”, dice.

En 2012 lo mandaron a Alcantarilla, en Murcia. Luego llegó a A Coruña. Y allí conoció a Rosa.

Se jubiló con 63 años. Y entonces llegó Anceu

con 28 anos
Pedro con 28 años
baile lago cisnes
Pedro atrás a la izquierda en el lago de los cisnes

Pensó que le iba a costar adaptarse, pero nada más lejos. El viaje hasta allí, con el coche lleno hasta arriba, “como gitanos”, fue toda una aventura. Hoy, Anceu es tranquilidad, vecinos, vida sencilla. Y un lugar al que siente que le debe mucho, sobre todo por el coliving y aquella experiencia intergeneracional que recuerda como algo “extraordinario”.

Sueña con viajar sin móvil. Y si le preguntas a dónde, lo tiene claro: el Caribe, las Islas Vírgenes, Saint Croix. Aunque, en realidad, cualquier destino le vale si es compartido. México, por ejemplo, como le gustaría a Rosabel.

con las gemelas Mario y Erica
Pedro con Rosa, Mario y Erica

Su rincón favorito es su espacio, lleno de herramientas, de inventos, de cosas hechas con sus manos. Un lugar muy suyo.

Si pudiera pedir algo, sería más señales en los cruces —“para que la gente vaya más despacio”— y un centro cívico más grande, con más vida.

Antes de terminar, le hago una pregunta que no le había hecho:
—Pedro, ¿qué me faltó preguntarte?

Se ríe.
—Pensé que me preguntarías a quién votaría.

Y añade, sin problema:
—He sido rojo toda la vida… pero ahora votaría al verde.

Terminamos mirando fotos. Reconociendo momentos. Poniendo fechas a la vida.

Gracias, Pedro, por abrirme un trocito de la tuya. Porque al final, lo que queda no es solo lo que se vive… sino cómo se recuerda.

Ana Santos Solla

Ana Santos Solla

Profesora de E.F.

Son Ana Santos, nacín en Pontevedra no ano 1960, a miña infancia estivo moi ligada a Santa María de Xeve, a terra da miña nai, son a terceira de 8 irmáns, a maior das mozas, a máis vella como me dicían de pequena. Sempre me gustou o deporte e estudei INEF en Madrid, estiven 34 anos no IES Valle Inclán impartindo Educación Física alí foi onde coñecín ao resto dos meus compañeiros que agora me acompañan neste proxecto. Decidín xubilarme para dar un novo rumbo á miña vida e levar a cabo este tipo de iniciativas como @devellabella ue pretende que o envellecemento activo convértase en embelecemento persoal e poder achegar a miña experiencia nesta etapa da vida.

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Marisa Sánchez Martínez por Ana Santos Solla

Marisa Sánchez Martínez por Ana Santos Solla

O acceso á aldea de Muimenta debuxa o escenario onde a memoria se resiste a desaparecer. Alí, onde os camiños se cruzan coas vivendas do proxecto de coliving, comeza a fiarse o relato de Marisa Sánchez Martínez. Unha muller que agarda na primeira fila de calquera xuntanza comunitaria, atenta, analizando con ollada limpa o devir dun pobo que hoxe habita grazas ás lembranzas. Tras un breve encontro e a promesa dunha conversa pausada, Marisa abre as portas da súa memoria, que é, en realidade, a crónica viva de toda unha xeración marcada polo desarraigo e a distancia.

A súa biografía comeza a escribirse sobre as pedras da casa familiar, mandada construír polo seu avó Darío Sánchez González—fillo de Manuel Sánchez e Rosa González e coñecido na contorna como “o Coucho”— e a súa avoa Visitación Vázquez González —filla de Domingo Vázquez e Balbina González—, que casaron en 1915, e ela morreu en 1951. Aqueles muros foron erguidos polo oficio nobre de Baldomero Raña Martínez e seu irmán Elías, alcumados “os Rañetes” e tamén “os Corellas”, dous dos canteiros máis cotizados da comarca. Nese fogar medrou o seu pai, Germán, xunto ás súas tías Alicia, Filomena e Manuela. O peso da emigración non tardou en petar na porta: as tres irmás partiron cara á Arxentina e Marisa non sabería delas ata moitos anos despois, cando o seu propio exilio a levou ata o Brasil. A árbore xenealóxica da súa liña materna reflicte a mesma dureza dos tempos.

Angustias, Marisa e seus pais
Marisa coa súa irmá Angustias e os seus pais

Os seus avós foron Máximo Martínez Lama —fillo de Laureano, que morreu en 1931 aos 84 anos, e de Elisa— e Concepción Fernández Viéitez —filla de Vicente Fernández e Juana Viéitez—. A historia de Concepción garda o devalar desas vidas truncadas de mediados do século pasado: enviuvou aos seis meses do seu primeiro matrimonio con Ramón Fidalgo González, estando xa embarazada de Castora. Das súas segundas nupcias naceu Ramona, a nai de Marisa, xunto a Sergia, Elisa, Antonio e Sira. Do matrimonio entre Germán e Ramona nacería primeiro Angustias e, cinco anos máis tarde, o 7 de marzo de 1951, veu ao mundo Marisa baixo o tellado de Darío “o Coucho”.

A infancia en Muimenta transcorreu nesa Galicia interior onde os servizos públicos eran unha quimera. Marisa aprendeu as primeiras letras na casa do cura, antes de que existise escola ningunha, baixo a titoría de dona Pepita, unha mestra de carácter complexo, solteira e ríxida. Esta muller que compartía vivenda coa familia de Marisa, antes de que se construíse a escola, levaba a nena canda ela ás clases antes de que esta cumprise os seis anos. Nese espazo improvisado amoreábanse ata trinta rapaces de todas as idades. Aos once anos, a testemuña educativa pasou a mans de Asunción, unha mestra maior e xorda que apenas exerceu seis meses no novo edificio escolar da aldea, sendo substituída despois pola señorita Carmen, natural de Laias. Esta última tiña medo de estar soa na casa da escola e instalouse na casa do tío Justo, un dos comerciantes do pobo. Na escola estudou Marisa ata os doce ou trece anos, deixando nesa etapa o recordo luminoso da súa primeira comuñón, celebrada aos sete anos durante as festas do Bon Xesús cun vestido confeccionado pola súa irmá e Lourdes

1958 comuñón Marisa
comuñon
Marisa na súa primeira comuñón con don Antonio

O día a día da aldea estaba marcado pola economía de subsistencia —dous becerros, dous bois, unha cabra, catro porcos e unha morea de galiñas— e por un calendario festivo que articulaba a vida social: o Bon Xesús en agosto, o patrón San Xiao en xaneiro e a Virxe do Carmen en xullo. As celebracións comezaban na eira do Coto e estendíanse ata o centro do pobo. Eran os tempos do salón de baile dos sábados, onde Juan “o das Fermosas” poñía música co seu bandoneón e Carmen atendía os veciños, mentres a gaita galega resoaba grazas ao saber facer do avó de Victoria, veciño de Xunqueira.

Máximo e Visitación
Os sogros, Ramiro e Domitila
Marisa antes de casar
Marisa en 1968

Porén, a mediados dos anos sesenta, a realidade demográfica da Galicia rural sufriu unha fractura irreversible. En 1966, con vinte e cinco mozas acudindo ás festas, a escaseza de homes era absoluta; a mocidade marchara. A súa irmá Angustias xa emigrara ao Brasil tras casar.

“A decisión máis difícil da súa vida: enviar os seus dous fillos maiores, Neide e Fernando, a Muimenta baixo a tutela dos avós..”

Marisa Sánchez Martínez

Foi entón cando Román, irmán do seu cuñado e residente en Río de Janeiro, regresou temporalmente a Muimenta. A diferenza de idade —el quince anos maior— non impediu o noivado. Casaron tendo ela dezaoito anos e el trinta e tres, emprendendo de inmediato a viaxe sen retorno cara ao Brasil, onde Román compartía negocios cos seus irmáns. Detrás quedaba unha historia de superación familiar: o pai de Román, Ramiro, falecera pola coz dun boi cando el tiña catorce anos, obrigando aos fillos a cruzar o Atlántico ante a falta de futuro que ofrecía o campo. Román, cuxo alcume familiar era “os Torteiros”, pasaría corenta anos da súa vida nese exilio.

boda Marisa 1969
Marisa o día da súa boda
boda cos pais Germán e Ramona
Marisa e Román con Germán e Ramona

O desembarco en Río de Janeiro supuxo un severo choque cultural e emocional para Marisa, quen se enfrontou á cara máis amarga e invisible da emigración: a desconexión, o descoñecemento do novo territorio e a soidade de quen se sente estranxeiro na propia pel. Malia todo, a constancia laboral permitiu a prosperidade do matrimonio. Coas tres cafetarías que rexentaba Román en pleno funcionamento, o primeiro ano permitiulles viaxar por rexións como Minas Gerais, Belo Horizonte ou São Lourenço. Despois chegaron os fillos, Neide e Fernando.

coa sogra Domitila
Coa nai de Román, Domitila e a súa primeira filla, Neide
cos amigos no Brasil
Con Román no Brasil

Tras un lustro en América, o desexo de retorno levounos de volta a Muimenta por unha tempada, aínda que as esixencias comerciais os obrigaron a regresar ao Brasil. A segunda viaxe a Galicia tivo lugar en 1975, Neide e Fernando tiñan catro e dous anos respectivamente. Nun acto cargado de simbolismo e morriña, Marisa presentouse por sorpresa na aldea un 16 de decembro, permitindo que a súa nai, Ramona, coñecese por fin aos seus netos. Durante aqueles meses de tregua invernal, nos que os nenos descubrían a liberdade do rural galego, Marisa formalizou a compra dun piso en Ourense, colocando a primeira pedra do que sería o seu regreso definitivo.

Ao seu retorno a Río de Janeiro, o matrimonio deu un salto empresarial coa inauguración do prestixioso restaurante Barravento. O establecemento, que contaba cun equipo de vinte e oito camareiros, converteuse nun centro de influencia política e cultural visitado por ministros, presidentes e artistas, ata o punto de que a súa apertura foi retransmitida pola televisión nacional. Co crecemento do negocio, Marisa asumiu a responsabilidade de traballar na cociña, o que a obrigou a tomar a decisión máis difícil da súa vida: enviar os seus dous fillos maiores, Neide e Fernando, a Muimenta baixo a tutela dos avós. Con todo, a dureza do traballo agrícola e o illamento familiar pesaron sobre a mocidade dos fillos. Unha chamada de auxilio de Fernando determinou o fin da etapa americana: en 1989, Marisa regresou definitivamente a Galicia coa súa filla Nancy. Non volvería pisar o Brasil ata o ano 2013, unicamente para asistir a un enterro e constatar o abandono e a deterioración das propiedades que un día simbolizaron o éxito da emigración.

familia
Marisa a esquerda cos seus fillos e Román. a súa irmá Angustias e os seus cuñados coas familias.1976
barravento
Restaurante Barrovento

A ligazón co outro lado do océano, porén, xamais se cortou por completo. Malia a distancia física e o paso dos anos, o legado económico e o esforzo de toda unha vida seguen latexando en terras brasileiras. O fío que une Muimenta con Río de Janeiro mantense vivo a través dos negocios que a familia aínda conserva alá; un patrimonio do que hoxe se ocupa directamente o seu fillo Fernando. Tras décadas de xestión, viaxes anuais e sacrificios colectivos, Marisa pasoulle o temón e a testemuña ao seu fillo, asegurando a continuidade dun imperio familiar que naceu da máis absoluta nada.

Establecidos en Ourense, a familia fundou unha empresa de recambios de automóbil en 1991. Os lazos co Brasil limitáronse desde entón a viaxes anuais burocráticas para a xestión tributaria, sendo a de 2017 a última delas. Os últimos anos estiveron marcados pola dor do alzhéimer que sufriu Román, cuxo pasamento o 19 de maio de 2026 pechou unha vida de esforzo compartido.

Hoxe, o rostro de Marisa é o espello dunha dignidade contida, propia dunha xeración de mulleres educadas na resistencia, o silencio e o deber familiar. Nada lle foi concedido sen esforzo. Reside actualmente na vivenda que o seu sogro, Ramiro Rodríguez González, non puido rematar ao falecer aos 50 anos en 1949; unha propiedade que herdaron os fillos e que o matrimonio logrou adquirir e transformar no seu fogar definitivo.

Román e Marisa en Iguazú
Román e Marisa en Iguazú

A vellez de Marisa convive con débedas pendentes que o destino non lle permitiu saldar: a súa vocación frustrada pola Historia, as viaxes canceladas a Andalucía ou a perda dese hábito lector que a levaba a estudar libros complexos como La Regenta para llo explicar aos seus fillos cando estes ían á escola. Malia todo, o seu mapa vital inclúe fitos que van desde as cataratas do Iguazú e Arxentina ata Palma de Mallorca, Lourdes, Asturias e os balnearios que visitaba coa súa amiga Olga.

A súa memoria preserva a evolución institucional e social da comarca: os sacerdotes que definiron as distintas épocas —don Ricardo, don Antonio, don Cesario e don Serafín—, as dinámicas comerciais do carniceiro que viña os sábados, a cantina e as cartas na tenda de Justo, ou o baile na tenda de Carmen. Marisa foi tamén unha muller pioneira na súa contorna, obtendo o carné de conducir no Brasil aos vinte e dous anos aos mandos dun Opala; hoxe, o seu coche segue sendo o seu medio de autonomía indispensable, o seu particular “tractor” para acudir ao médico ou á compra.

Esta fortaleza contrasta coa fraxilidade dunha saúde debilitada por oito hernias, a diabetes e dúas intervencións cardíacas de gravidade, a última delas superada en plena crise sanitaria mundial mentres coidaba do seu home prostrado na cama. Coa mesma lucidez coa que analiza o cambio paisaxístico e ambiental da súa aldea —lembrando os tempos nos que os incendios se apagaban en comunidade, as leiras estaban limpas e non existía o monocultivo de eucalipto—, Marisa repasa as fotografías do seu pasado con precisión cirúrxica.

A crónica desta vida de entrega péchase coa imaxe dunha muller que aínda garda o espazo do seu compañeiro nas sombras da noite, pero que mantén a mirada posta no futuro. No horizonte atópase o regreso por vacacións desde Pamplona das súas fillas e dos seus netos: os xemelgos Anne e Unai, de dez anos, e o pequeno Luis, de dous. A historia de Marisa Sánchez Martínez non é só un testemuño individual; é o retrato rigoroso e profundamente emotivo dunha muller que sostiña o mundo mentres o mundo cambiaba de lugar.

Marisa hoxe
Marisa na sua casa, 2026
Ana Santos Solla

Ana Santos Solla

Profesora de E.F.

Son Ana Santos, nacín en Pontevedra no ano 1960, a miña infancia estivo moi ligada a Santa María de Xeve, a terra da miña nai, son a terceira de 8 irmáns, a maior das mozas, a máis vella como me dicían de pequena. Sempre me gustou o deporte e estudei INEF en Madrid, estiven 34 anos no IES Valle Inclán impartindo Educación Física alí foi onde coñecín ao resto dos meus compañeiros que agora me acompañan neste proxecto. Decidín xubilarme para dar un novo rumbo á miña vida e levar a cabo este tipo de iniciativas como @devellabella ue pretende que o envellecemento activo convértase en embelecemento persoal e poder achegar a miña experiencia nesta etapa da vida.

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Piruca Baena Solla

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Rosa López Lorenzo

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Rosa María López Lorenzo por Ana Santos

Rosa María López Lorenzo por Ana Santos

Moito mudaron as cousas ata chegar á vida tranquila de agora. Rosa recíbeme na súa casa cun sorriso que non lle desaparece da cara en toda a conversa, luminoso e sincero, deses que delatan unha maneira de estar no mundo. Hai nela algo de muller forte, entusiasta e alegre, mesmo cando os recordos a levan cara a etapas duras da súa vida. Mentres fala, custa imaxinar todo o que houbo detrás: a emigración, as despedidas demasiado cedo, a necesidade de aprender a vivir nun mundo completamente novo sen romper nunca o vínculo coa aldea e coa infancia.

Na conversa aparecen momentos felices, pero tamén silencios que deixan entrever feridas antigas e unha vida moito máis difícil do que ela mesma deixa ver. E, con todo, Rosa conta todo sen amargura, cunha serenidade que impresiona e coa naturalidade de quen aprendeu a seguir adiante sen esquecer nunca de onde vén.

Rosa María López Lorenzo naceu o 12 de decembro de 1954 en Quireza, no concello de Cerdedo. Era filla de Secundino López e Rosaura Lorenzo Rey, e medrou entre dúas familias marcadas pola emigración, o traballo duro e unha fonda ligazón coa terra.

Polo lado paterno estaba o avó Julio, canteiro especializado na restauración de monumentos nacionais. Traballaba a pedra con mestría e pasaba longas temporadas en Aragón, Cataluña, Zamora ou León, percorrendo España dun lado para outro, ás veces acompañado do seu fillo Secundino. Era fillo único de Sofía, a bisavoa que Rosa chegaría a coñecer e lembrar con cariño. Mentres Julio andaba polas obras, Mercedes, a avoa, quedaba na casa coidando dos fillos e mantendo a familia unida.

coa bisavoa Sofía
Rosa coa Bisavoa Sofía

Julio e Mercedes coñecéranse na Arxentina, en Mar del Plata. Ela era de Murillas, en Campolameiro; el, de Castro, en Cerdedo. Os dous naceran xa alá, porque os seus pais cruzaran o océano buscando unha vida mellor. Namoráronse na emigración e casaron. Tiveron primeiro a Secundino e, cando Sofía decidiu regresar a Galicia arredor dos anos trinta, Mercedes estaba embarazada do segundo fillo, Humberto. Máis tarde nacería Julio, xa en España.

Os avós maternos tamén pertencían ao mundo das aldeas de Quireza. Gerardo, dos Castros, era panadeiro e rexentaba unha pequena tenda onde se vendía de todo un pouco. Josefina Rey Rivas, de Piñeiro, tiña dous irmáns curas e, durante anos, un noivo mestre co que nunca chegou casar. A vida, porén, cruzouna cun Gerardo recentemente chegado da Arxentina, moi ben parecido, deses homes que deixaban pegada ao entrar nun cuarto. Namoráronse axiña, casaron e tiveron cinco fillos: José, Gerardo, Erundino, Maruja e Rosaura. Segundo soubo Rosa co paso dos anos, o nome da súa nai foi escollido polo avó en lembranza dunha moza arxentina da que estivera namorado.

coa nai 1965
Rosa na aldea coa nai, 1959

Rosa sempre considerou unha fortuna ter coñecido aos catro avós e tamén á bisavoa Sofía. A súa infancia repartíase entre Castro e Quireza, dous mundos distintos. O pai traballaba co avó na restauración da pedra, mentres Rosaura axudaba na panadaría familiar. Tiveron primeiro a Rosa e, case dez anos despois, naceu Rober.

“Son unha muller de aldea que marchou polo mundo sen esquecer nunca a terra.”

Rosa María López Lorenzo

Secundino cantaba extraordinariamente ben. As jotas aragonesas saíanlle cunha forza e unha emoción que impresionaban a quen o escoitaba. Incluso chegaron a querer contratarlle profesionalmente, pero o pai impediullo. Aquela renuncia deixou nel unha frustración silenciosa que o acompañou toda a vida.

Na escola en Quireza
Rosa na escola de Quireza, no medio de chaqueta con botóns brancos, a esquerda de branco Pili Bello, a 3ª de atrás empezando pola esquerda Luisa, a segunda da dereita Marisa
Rosa coa nai
Rosa coa súa nai en 1960
primeira comuñón
Rosa no día da comuñón, 1960

Entre semana enviaban a Rosa á casa da avoa Mercedes e da bisavoa Sofía, en Castro. Alí aburríase profundamente. Botaba de menos o rebumbio da panadaría de Quireza, aquel ir e vir de xente, o arrecendo do pan quente e as conversas arredor do mostrador. Na panadaría había vida; en Castro, para ela, había demasiado silencio.

A vida da familia mudou cando o tío Gerardo casou cunha muller emprendedora que revolucionou a tenda familiar. Pouco despois, os pais decidiron emigrar a Nova York grazas á axuda dun veciño. Corría o ano 1959 e, ao seren arxentinos, puideron entrar nos Estados Unidos con facilidade. Obtiveron axiña a residencia. Ao ano seguinte marcharon Rosa e a súa nai. Ela tiña apenas sete anos e deixou en Galicia toda a súa infancia feita: a primeira comuñón, a confirmación, a aldea, os avós. Aínda hoxe conserva lagoas daquela época, como se o cambio tan brusco lle borrase anacos da memoria.

Lembra tamén un episodio de cando tiña catro anos e foi a Pontevedra visitar uns parentes. Perdeuse pola rúa Sarmiento e unha muller recolleuna e levouna á radio local. A nai atopouna ao escoitar pola emisión: “Son Rosa López Lorenzo, de Quireza, e teño un tío en Pontevedra que vende reloxos”.

piso de Nova york
Co seus pais na nova casa en NY, 1962
ENFADADA na casa
Enfadada en NY, 1962
ao pouco de chegar a NY
Co seus tios Pepe e Nélida e amigos do pai ao pouco de chegar a NY
co seu irmán 1963
Rosa co seu irmán rematando 1963 en NY

Antes de marchar definitivamente fixeron unha viaxe durísima a Madrid para preparar os papeis da emigración. Pouco despois embarcaron no Guadalupe, saíndo desde Vigo. Pararon en Cádiz, onde estaban os avós, e tras quince días de travesía chegaron á cidade das oportunidades: Nova York.

Instaláronse nun pequeno apartamento en Manhattan. O pai xa marchara antes para Nova York e tiña alí un traballo na construción agardando pola familia. Non falaba inglés e mesturaba palabras galegas co pouco vocabulario que ía aprendendo sobre a marcha. Para Rosa, aquela cidade foi un descubrimento absoluto. Na aldea non había practicamente nada e quedou abraiada ao atoparse cun piso con baño, neveira, auga corrente e comodidades que en Quireza parecían propias doutro mundo.

outubro de 1965 co irmán
Rosa e seu irmán Héctor coa súa nai 1965

Houbo que escolarizala axiña. Tiña oito anos e entrou nunha escola onde só se falaba inglés. Era un centro mixto e non había nenos hispanos. A pesar de que xa sabía escribir perfectamente, a súa fermosa caligrafía redonda tivo que transformarse para adaptarse ás letras americanas. Estivo naquela escola desde abril ata xullo e, ao chegar os campamentos de verán, metérona nun deles. Pouco a pouco empezou a traducir frases, a entender conversas, a defenderse nun idioma novo.

escola de Nova York 1966
Escola de Nova York 1966. Rosa cunha cinta rosa, a seu lado de cuadriños verdes, Yvette

O seu irmán naceu en 1963. Rosa cambiou varias veces de escola. Recorda especialmente a Miss Papoulas, unha profesora que pensa que era grega, e tamén a Encarnation School, un colexio católico onde era difícil entrar e no que remataría os estudos ata sétimo de EGB.

Naqueles anos os seus pais relacionáronse cun matrimonio coruñés. Fixéronse amigos e decidiron coller unha pequena tenda que quedaba libre, unha especie de bazar onde se vendía de todo, como os “todo a cen”. Foron anos bos, aínda que tamén difíciles. A amiga tivo dous xemelgos, un deles con síndrome de Down, e o marido acabou querendo regresar a España. Finalmente venderon o negocio.

Rosa en NY 1966
Foto da escola 1966
foto da escola de Rosa
Rosa co mandilón do colexio 1963

Rosa sempre sentiu paixón polas linguas. Gustáballe especialmente a maneira de ensinalas: a través da lectura, descubrindo personaxes, palabras e emocións. Tiña unha amiga cubana chamada Ivette coa que compartía moitas horas.

Con trece anos volveron a España para pasar o verán. Viaxaron no barco Independence e chegaron a Lisboa. Eran os anos setenta e ela estaba en plena adolescencia. Os tíos comezaron a dicir aos pais que talvez sería mellor deixala quedar en Galicia. Pensaban que aquí tería máis oportunidades e máis estabilidade. Rosa lembra aquel momento entre bágoas, agarrada á idea de que a estaban deixando atrás e, ao mesmo tempo, intentando convencerse de que era o mellor.

O primeiro ano preparou o exame de ingreso grazas á axuda dos tíos Erundino e Carmen, que tiñan pasantía. Durmía en Pontevedra cos tíos Maruja e Rafael, aínda que sempre que podía escapaba para a aldea, onde se sentía protexida.

No exame oral de literatura, un profesor sorprendeuse da súa idade e preguntoulle como podía ter aquel nivel sendo tan nova. Ela respondeu simplemente que viña dos Estados Unidos. Co tempo decataríase de que aquel home era Gonzalo Torrente Ballester.

praza de Méndez Núñez con 14 anos
Rosa con 14 anos na praza de Méndez Núñez
cos primos
Rosa cos primos Pili, Mari Carmen, Teté, Miguel e diante Bea e Rafa. 1969

Primeiro estudou no Valle-Inclán, pero a nai decidiu ingresala interna nas Calasancias, onde había moitas fillas de emigrantes. Garda un recordo fondísimo da madre Julia e tamén da madre Josefina, a directora, que lle daba clases particulares de inglés para que non perdese o idioma. Foi a primeira alumna de inglés do colexio.

Entre os profesores e monxas quedaron nomes gravados na súa memoria: Tilve, Guillán, Nené, Rocafort, Paco Gulías, a madre Inés, Patrocinio, Carmen, Perfecta ou Rosa, a encargada das internas.

Con dezasete anos coñeceu a José Manuel, delineante, e apenas un ano maior ca ela. Entre risas, paseos e un amor que foi medrando sen facer ruído, Rosa quedou embarazada.

Viaxou a Nova York no Nadal e non se atreveu a contarllo á nai de inmediato. Cando finalmente falou con ela, a reacción foi complexa, pero decidiron seguir adiante e casaron en marzo nunha cerimonia íntima e humilde. O padriño acabou sendo o taxista que os levou. Foron vivir coa avoa Vicentina para non deixala soa en Pontevedra.

José Manuel soñaba con ser médico. Rosa daba clases particulares de inglés e el traballaba de delineante mentres empezaba Medicina en Santiago. Viña as fins de semana. Naceu Manuel e comezou para ambos outra vida feita de esforzos e renuncias.

Ela aprendeu a ensinar inglés ensinando. Primeiro nunha academia, despois no Sagrado Corazón, onde falou co padre Rubio e traballou durante dous anos. Máis tarde marcharon para Santiago. O pai de José Manuel, que vivía en México, axudóunos a mercar unha casa alí. Permaneceron en Santiago ata que el rematou a carreira. Rosa traballou no colexio San Jorge e, no último ano, volveron a Pontevedra mentres el facía as prácticas no hospital.

Foi a tía Carmen quen a animou a estudar Maxisterio. E así empezou unha nova etapa.

Nos anos oitenta había demasiados médicos e pouco traballo. A través dun amigo souberon que en Zamora as listas do paro funcionaban mellor. José Manuel marchou primeiro e pouco despois trasladouse toda a familia. Rosa quedou coidando dos dous fillos mentres remataba Maxisterio pola especialidade de inglés e seguía dando clases particulares.

Pasaron sete anos en Zamora. Logo conseguiron regresar a Galicia, aínda que o fillo levou mal o cambio e chegou a pasar un ano sen falarlles. José Manuel aprobou as oposicións de médico APD e pediu destino pola zona de Caldelas porque lle gustaba especialmente aquela paisaxe.

Compraron un piso en Pontevedra e Rosa volveu quedar embarazada. A tía Carmen animouna outra vez, desta vez para presentarse ás oposicións de ensino. Aprobou cunha moi boa nota.

Co paso dos anos chegou Sara, completando unha familia de tres fillos que se converterían no grande orgullo de Rosa. Fala deles cun brillo especial nos ollos, desa maneira tranquila e fonda coa que as nais falan do máis importante da súa vida. Manuel seguiu o camiño do esforzo e da responsabilidade que viu na casa; Ana herdou a sensibilidade e a capacidade de estar pendente dos demais; e Sara, a máis nova, achegou á familia unha enerxía alegre e decidida que Rosa describe cun sorriso constante. Entre mudanzas, traballos, estudos e sacrificios, os tres medraron sabendo sempre de onde viñan e escoitando as historias da aldea e da emigración que a súa nai nunca deixou de contarlles.

Os primeiros anos foron unha auténtica loucura: escolas distintas, desprazamentos continuos, substitucións de apenas tres días. Comezou en Arcade e acabou en Bueu. Máis tarde estivo tres anos provisionais en Cerdedo, dando clase aos fillos de amigas da infancia.

Foi tamén unha época dura pola enfermidade do pai. Conseguiron arranxarlle os papeis para operalo en Montecelo. El quixo regresar a Nova York para despedirse dos amigos e, cando volveu, xa tiña metástases. Morreu con só sesenta e nove anos.

En 2001 estivo un ano no Sánchez Cantón. A primeira praza definitiva chegou en Carballedo, onde permaneceu seis anos. Logo virían once na Reigosa e finalmente Ponte Caldelas, no CEIP Cordo Boullosa, onde se xubilou en 2021, con sesenta e seis anos.

Antes da xubilación participou na creación da asociación Mulleres Rurais do Verdugo, da que foi presidenta. Gústalle a música country, camiñar facendo andainas, pasar tempo cos amigos e conversar coa xente maior.

de profe 2020
Rosa cos alumnos en 2020

Tamén se implicou durante un tempo na política local, unha experiencia que viviu con ilusión pero que lle permitiu coñecer tamén a parte máis dura dese mundo. Houbo momentos de tensión e comentarios que a marcaron, ata o punto de que lle chegasen a dicirlle ao seu marido: “Dille á túa muller que vaia para casa”. Co tempo, porén, Rosa preferiu quedar co aprendido daquela etapa e seguir vinculada á vida social e cultural da comarca doutros xeitos .

Cando cumpriron cincuenta anos de casados viaxaron ao Xapón, un país ao que volvería sen dubidalo. Máis tarde chegaría Exipto, unha experiencia que non repetiría. Lembra con especial emoción unha viaxe a Nova York cos fillos, unhas vacacións de Nadal inesquecibles que pecharon dalgún xeito o círculo da emigración. Aínda conserva o desexo de coñecer Arxentina.

Ten dous netos, Manuel, que estuda Bioloxía con vinte e un anos, e Mateo, de dezaseis, que cursa Bacharelato.

Viaxe a Nova York 2023
Viaxe a Nova York coa familia
Exipto 2026
Viaxe a Exipto 2026

Entre os seus soños pendentes está o de ter tido unha relación máis fonda coa nai. Sente que a coñeceu verdadeiramente só nos últimos anos da súa vida, antes de morrer con setenta e tres anos. Outro desexo que lle queda é ver ás súas fillas formar unha familia.

A súa nai traballou durante anos en casas de familias adiñeiradas de Nova York. Estivo no edificio Dakota coa señora Stelley e, en 1976, comezou a traballar na casa de John Lennon. Sempre dicía que lle gustaba del a naturalidade, o pouco que lle daba importancia á fama. A casa era elegante, pero sinxela. Coñecéronos entre 1976 e 1980.

No ano 2000, Rosa coñeceu a Eduardo Herrero e escribiu un libro contando aquela historia. O xinecólogo e gran admirador de John Lennon, Chema Ríos, interesouse polo tema e acabaron publicando outro libro que presentaron en televisións e radios de todo o mundo.

A nai enfermou en Castellón, promovendo o seu libro. Trasladárona en ambulancia a Montecelo e morreu apenas tres meses despois. Rosaura levou a súa historia por moitos lugares e atopou sempre unha acollida emocionada, como se na vida daquela muller emigrante tantas outras persoas recoñecesen tamén algo da súa propia memoria.

Con ese pouso de tristeza, a conversa mudou finalmente cara á parroquia, á aldea e á vida de sempre, como quen regresa, unha vez máis, ao lugar do que nunca marchou de todo.

Falamos tamén de Anceu, un lugar que coñeceu a través do marido. Un día Agustín apareceu pola casa por unha rapaza que estaba mal e acabou contándolles en que consistía o coliving. Participaron nalgunha actividade e a Rosa pareceulle unha idea marabillosa, unha maneira de atraer xente ao rural e de poñer en valor unha forma de vida que tantas veces semella esquecida. Unha grande entusiasta de todo isto é Rosabel, moi implicada tamén na difusión do traballo do coliving.

Rosa fala disto cun convencemento fondísimo. Di que sempre lles repetiu aos fillos que nunca esquecesen de onde viñan, que a súa nai nacera nunha pequena aldea de Quireza e que saber quen somos e de onde vimos é algo demasiado importante como para perdelo.

Ana Santos Solla

Ana Santos Solla

Profesora de E.F.

Son Ana Santos, nacín en Pontevedra no ano 1960, a miña infancia estivo moi ligada a Santa María de Xeve, a terra da miña nai, son a terceira de 8 irmáns, a maior das mozas, a máis vella como me dicían de pequena. Sempre me gustou o deporte e estudei INEF en Madrid, estiven 34 anos no IES Valle Inclán impartindo Educación Física alí foi onde coñecín ao resto dos meus compañeiros que agora me acompañan neste proxecto. Decidín xubilarme para dar un novo rumbo á miña vida e levar a cabo este tipo de iniciativas como @devellabella ue pretende que o envellecemento activo convértase en embelecemento persoal e poder achegar a miña experiencia nesta etapa da vida.

Nós os maiores aínda temos moita guerra que dar, espero que este blogue motívevos a querer colaborar connosco.

Piruca Baena Solla

Lola Fontán Fernández

 

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Lola Fontán Fernández-a Xenxa- por Ana Santos

Lola Fontán Fernández-a Xenxa- por Ana Santos

Cando se chega a certa idade, gusta presumir dela. Iso é o que lle pasa á protagonista da nosa historia: Lola di que é a máis vella do barrio e pode presumir diso con toda a razón. Cada día sobe e baixa os dezasete chanzos que van á súa vivenda, no barrio máis mariñeiro de Pontevedra: a Moureira, na rúa Nodales. Hoxe a nosa historia de vida é a de Dolores “Lola” Fontán Fernández —a Xenxa

Lola a xenxa 2
Lola a xenxa
Lola a xenxa 3

Dolores Fontán Fernández naceu o 23 de febreiro de 1933 no Campo da Torre, nº 13. Filla de Antonio Fontán Filgueira, que quedou orfo de nai ao nacer, e de Dolores Fernández Rodríguez, a súa nai, peixeira da Moureira que vendía na praza. A historia familiar de Lola xa leva marca de mar e de vida dura: o pai —como xa dixemos orfo de nai o nacer— quedou tamén sen pai xa que emigrou ás Filipinas, e como era habitual na época, o pequeno foi levado á inclusa; pasou por unha familia de Tomeza e por outra de Xeve ata os catro anos, cando volveu coa avoa paterna e unha tía á Moureira.

Os avós maternos de Lola, eran do Camiño Vello e da Gándara. A súa avoa, Desamparados Rodríguez Soto —chamada Palala—, tiña un posto no mercado; o seu avó era Crisanto Fernández. A bisavoa, Concepción Soto Padín, era sobriña de Benito Soto e era coñecida como “a Xenxa”, alcume que agora Lola conserva con orgullo.

Lola formaba parte dunha familia numerosa, polo que a casa onde se criou estaba sempre chea de nenos. Naceron uns xemelgos xa mortos; logo chegaron Vicente, Jesús, Antonio, Josefa, Lola, Manuel e Carmiña —que tamén morreu de pequena-. De nena, Lola ía á escola con Suso, Tonio e Chicha: aprendeu a ler e a sumar no actual Parador de Turismo con dona Sara Prieto, nos veráns estudaba con Nievitas Adrio na rúa Andrés Mellado. Con oito anos entrou na Graduada na rúa Real —unha escola do Estado— onde a formaron Trinidad Lavaca, María Gil e Margarita Otero. Ao saír, foi a aprender a coser: a costura converteuse na súa segunda casa.

o pai Antonio, a irmá Chicha e a nai
De pe: Chicha, Pereira, a nai Dolores e Josefa. Abaixo: O seu pai Antonio con Ricardo Villaverde e Lola.
Antonio diante da confraría
Antonio cando era presidente da Confraría de pescadores
1954 nas calasancias
Nas Calasancias 1954 Joaquin de gafas, Antonio e Montes
Antonio coa chalana
Antonio vindo de faenar

Lola lembra que na época da guerra a dous primos da súa nai, Modesto e Pepe, fillos de José, irmán da súa avoa Palala, viñeron a buscalos “os cívicos” a casa, pero non os atoparon porque conseguiron fuxir pola porta de atrás e marcharon para Poio á casa duns amigos. De pouco lles valeu: os colleron e apresaron e os levaron para o lazareto de San Simón; despois da guerra, deixáronos libres.

Lola ía á catequeses a San Roque, pero lembra ter comulgado por primeira vez sen facer a comuñón como tal; foi na Graduada, di con ollos chispeantes. A comuñón fíxoa no colexio e non foi de branco; nin sequera lembra como ía.

“A miña avoa dicía que era unha vergoña ser parente do pirata Benito Soto, eu non pensaba o mesmo”

Lola Fontán Fernández

Aos 13 anos comezou a súa época na costura coa súa profesora Dora Fernández. Chamábase Casa Dorper, na rúa Manuel Quiroga 31, na que lembra que eran aproximadamente unhas trece rapazas: Finita Entra y verás, Finita da Seca, Peregrina Franco, Lidia, Paca, Chola e Carmucha de Lérez, Carmiña, Claudina a Chapela, Finita e Lolita Guerra e Catalina Crespo.

costura
Amigas de Lola quen está na esquina esquerda de negro
1947 Rosa, Lucita Pontevedra e Peregrina Franco
1947 Rosa, Lucita Pontevedra, Peregrina Franco e ela de luto
san benito de lérez
San Benito, Chelo Fontan,Lola e Nitola de chaqueta negra

Aínda con 13 anos, a vida golpeóuna: nun accidente nun submarino faleceu o seu irmán Vicente, tiña 21 anos. A familia seguiu adiante, con penas e espazos que só o traballo e a veciñanza enchían. Aos 18, cando a súa mestra de costura marchou, Lola volveu para axudar coa casa; vivían na rúa Nodales, ao lado da casa da avoa Palala, coa que compartía estancia a súa irmá Chicha. As súas habilidades coa costura continúan e Lola, segue facendo roupa e arranxos para a familia.

A Lola sempre lle gustou bailar. Non perdía os bailes dos domingos na cultural de Salcedo. Na primavera de 1950 presentáronlle a Juan e bailaron moitas pezas. Juan Villaverde Barcala, aínda que naceu en Barcelona e foi bautizado en Montserrat, viviu a súa infancia e mocidade cos seus pais, Antonio Villaverde Aboal (da Moureira) e Mercedes Barcala Millán (da Ruibal), en Asturias pola profesión do pai —era policía armada— e Juan traballaba en telégrafos en Oviedo. Cando o destino levou ao pai a Pontevedra, viñeron vivir á Ruibal e aquel baile festivo en tantas tardes, converteuse en un compañeirismo constante: Juan e Lola seguiron bailando a vida.

Lola e Juan no baile
Lola e Juan bailando nunha festa

Casaron o 27 de novembro de 1955 en Santa María. Lola levaba un traxe-chaqueta negro feito pola súa amiga Finita da Seca; a comida foi no baixo da súa casa e a súa nai e a avoa do noivo, Carmen Barcala, prepararon o marisco e o cocido. Non tiveron viaxe de noivos; a noite de vodas foi na casa da avoa Palala, na habitación que lles deixou Chicha.

Aos dez meses naceu a primeira filla, María Dolores —Maluli—. Querían un neno, pois xa tiñan unha sobriña, Maika, pero a ilusión renovouse enseguida: Lola cosía un tras outro traxes para a súa filla. Na casa seguían os pais e dous irmáns, Tonio e Manuel; cando casaron, a habitación pasou a ser da nena.

voda de Juan e Lola 1955
Voda de Juan e Lola 1955
maluli Villaverde
Juan e Lola con Maluli 1956
Juan Villaverde
Lola con Juan 1961

Juan pediu excedencia en Correos e enrolouse nas campañas do bacallao en Terranova; cando regresou, xa nacera o seu segundo fillo, Juan Antonio. Os nenos criáronse cos primos Maika, Marisa e Sebi (fillos da súa irmá Chicha e Eusebio), Loli e Toño (fillos do seu irmán Tonio e Manuela): compartían aventuras e horas na rúa. Lola axudáballes coas tarefas do colexio; lembraba que as mestras dicían que era unha pena que ela non houbese estudado máis, porque tiña moita aptitude.

taberna con Juan e Antonio
Juan na taberna co seu cuñado Antonio de abrigo negro
de noivos
Eusebio e Chicha con Lola e Juan
primos e irmáns
Os primos, Maika, Maluli, Sebi, Juan e Pili (filla do seu irmán Manolo e Cati)
os fillos
1962 Lola con Maluli e Juan polas Palmeras
Manolo, Maluli e Maika
Maluli, Manolo (irmán de Lola) e Maika
Juan, Maika, Toño, Marisa, Sebi
Juan, Marisa, Toño, Loli, Sebi

 O seu pai, Antonio Fontán, que fora toda a súa vida mariñeiro e patrón, foi tamén presidente do Gremio de Mareantes; cando Lola casou con Juan, éste incorporouse ao Gremio, co paso do tempo el tamén sería presidente, organizando moitas actividades entre outras, excursións por España, que Lola e Juan nunca perdían. Juan  conseguiu o local para o Gremio que aínda hoxe existe. Compaxinaba o seu traballo en Telégrafos e Correos —no que chegou a ser carteiro maior e subinspector de reparto— co labor no Gremio de Mareantes. Juan tiña unha chalana que chamou Maluli, e ía, xunto co seu cuñado Tonio, ao coro de Santa María e cantaba nas tabernas;. Faleceu aos 60 anos; Lola quedou viúva con 59. Poucos días despois naceu a súa neta Laura, e a vida seguiu, como sempre, chea de xente, logo chegou Andrés e Lola exerceu como avoa feliz.

coa chalana Maluli
Juan coa súa chalana Maluli
Juan presidente
No Corpus Juan de presidente do Gremio de Mareantes
Laura e Andrés
Os netos, Laura e Andrés cos traxes que lles fixo Lola

A casa de Lola estivo sempre aberta: cando uns marchaban, chegaban outros. Agora vive soa, mais segue a ter invitados a comer; di que “se esquece” de como fai as receitas, pero a verdade é que ten unha man de ouro: “coma me ensinou a miña nai”, conta. Comezou a viaxar coas excursións do Imserso cunha veciña, Luisa —non se perdían ningunha—; lembra Lloret de Mar e, cos de Santa María e con Finita da Seca, foi a Roma: coñece Venecia, Florencia, Pisa, Asís e Padua. Logo chegaría a época dos balnearios onde cada ano ía tomar as augas. Tras a pandemia deixou de viaxar; agora dous días á semana vai á praza a comprar ás peixeiras de sempre, as mesmas ás que aquel día a súa nai lle vendeu o posto. Case todos os días asiste á misa de San Francisco e sube, sen protestar, ese mundo de escaleiras. Gústalle estar na casa; é unha muller de costumes.

Lola e seus irmáns
Lola con Tonio e a súa muller Manuela, a dereita Suso coa súa muller Marieta e seu fillo Pablo
Lola e o irmán
Lola e seu irmán Tonio

Lola é a última da súa xeración. Ao longo dos anos, foron deixando a súa vida os seus irmáns, que marcharon a idades avanzadas, agás Manolo e a súa muller Cati, que faleceron inesperada e traxicamente nun accidente de tráfico, pouco despois de xubilarse e ser avós.

Un novo duro golpe para Lola aconteceu con posterioridade, tivo que ver como a súa querida sobriña Maika, filla de súa irmá Chicha, a maior de todos os seus sobriños e á que ela quería como a unha filla, falecía ós 57 anos.

Aínda así, a vida tamén lle brinda moitas alegrías. Vive con ilusión os logros dos seus. Ao lado dos seus fillos Maluli e Juan, e os seus netos, Laura e Andrés, ve como a súa familia continúa a medrar. Gústalle presumir de ter moitos sobriños e aínda que di que agora xa se esquece das cousas, fai todo un exercicio de boa memoria lembrando os seus nomes: Marisa e Fernando, Sebi e Merchi, Ana, Pablo, Loli e Francisco, Marta, Sara, Toño, Alberto, Vanesa e Pablo, Carmen, Elena, Pilar, Vicente, Manuel, Bety, Miguel, Maria Jesús, Vicente, Jaime, Jose, Pablo, e tamén Álvaro e Dani. 

Lola e familia
Lola cos fillos e os netos
no 92 familia fontán
Parte da familia Fontán no 92 aniversario de Lola no 2025

Lola está a preparar a merenda, unhas fresas, un iogur e unha onza de chocolate con dúas galletas. É moi paneira —ao seu avó chamábanlle “o Códeas”— e sempre ten a man o pan para acompañar a comida. Con sorriso nos beizos e esa sensación de présa por facer as cousas, vai pasando a vida e os días rodeada polos fillos, netos e sobriños que son a súa familia.

Lola: eu xa te adoptei como nai. Admírote pola enerxía e a alegría que transmites. Grazas por acollerme cos brazos abertos e por facerme tan feliz. Quérote.

Lola a xenxa
Lola en Decembro 2025
Ana Santos Solla

Ana Santos Solla

Profesora de E.F.

Son Ana Santos, nacín en Pontevedra no ano 1960, a miña infancia estivo moi ligada a Santa María de Xeve, a terra da miña nai, son a terceira de 8 irmáns, a maior das mozas, a máis vella como me dicían de pequena. Sempre me gustou o deporte e estudei INEF en Madrid, estiven 34 anos no IES Valle Inclán impartindo Educación Física alí foi onde coñecín ao resto dos meus compañeiros que agora me acompañan neste proxecto. Decidín xubilarme para dar un novo rumbo á miña vida e levar a cabo este tipo de iniciativas como @devellabella ue pretende que o envellecemento activo convértase en embelecemento persoal e poder achegar a miña experiencia nesta etapa da vida.

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Piruca Baena Solla

 

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Piruca Baena Solla por Ana Santos Solla

Piruca Baena Solla por Ana Santos Solla

Hoy, la historia de vida es la de Pilar Baena Solla, más conocida como Piruca. Es la madre de Mariajo, una antigua alumna del instituto con la que, años más tarde, también coincidí como profesora. Desde entonces mantenemos una gran amistad. Esta es la historia de una mujer entrañable, fuerte y generosa, que ha sabido vivir cada etapa con dignidad y alegría. Cuando escribía estas líneas, en Junio, nos sorprendió la muerte repentina de Piruca, éste es un homenaje a su vida que quiso contarnos con ese humor y optimismo que ella tenía.

El apodo de Piruca viene acompañado de una historia familiar muy especial. Su familia era conocida como los tintoreros, y no por casualidad: sus abuelos, Isolino Solla Argibay y Angelita Cordo, fundaron la que se considera la primera tintorería de Galicia, la Tintorería San Roque. Estaba situada junto al río de los Gafos, y todavía hoy se pueden ver los restos del muro de aquella empresa frente al antiguo lavadero

tintoreria San Roque en 1970
Tintorería San Roque nos anos 70

Piruca recuerda que un historiador de apellido Solla escribió hace años un libro en el que recogía la historia de la tintorería y su importancia en la época., ese libro se titulo “Inmobiliario etnográfico do río Gafos” de Calros Solla y le dedica a la tintorería “San Roque” 21 páginas incluidas muchas fotografías de campañas publicitarias de la época. En el Diario de Pontevedra en octubre de 1927 cuando cumplía 20 años de existencia, había un anuncio que rezaba así:

¡Atención!

¿Quieres tu traje lucir

elegante limpio y fino?

pues chico tienes que ir

a la casa de Isolino.

Una infancia entre tintes y duelos

La vida de su abuelo materno, Isolino Solla Fontán, no fue fácil. Su esposa, Angelita Cordo, falleció embarazada de su sexto hijo, tras contraer unas fiebres a raíz de un baño. El bebé tampoco logró sobrevivir y la pérdida marcó profundamente a Isolino, que, pese a rehacer su vida junto a Emilia —una mujer que le ayudó a criar a sus cinco hijas—, nunca se quitó el brazalete negro de luto por la mujer que amó profundamente.

Isolino de mozo
Isolino Fontán
Muller de Isolino
Angelita Cordo
Isolino e Emilia
Isolino Fontán y Emilia

La tintorería creció hasta convertirse en una empresa moderna y reconocida, con pedidos que llegaban desde toda Galicia. Abrieron sucursales en varias ciudades, incluida una en la Plaza de España de Pontevedra. Allí trabajaba la madre de Piruca, Pilar Solla Cordo, llevando la contabilidad y dedicando muchas horas al planchado. Vivía con tristeza la pérdida de su novio en un accidente y ya se veía como una “solterona”, como se decía entonces.

Fue precisamente la mujer de Pepe quien hizo de celestina y presentó a Pilar y Rosendo. El matrimonio fue concertado y de conveniencia, como era habitual en la época. Rosendo le llevaba diez años a Pilar. Se casaron y tuvieron tres hijos: Pilar (Piruca), Demetria (Luchi) y Rosendo Luis (Cheché), que acabaría siendo marino mercante.

 “Sus éxitos como vendedora la llevaron a ganar varios viajes a Roma y París”.

Piruca Baena Solla

Piruca nació el 27 de junio de 1932 en el barrio de San Roque, donde hoy se encuentra la guardería Bambi. Fue bautizada en Santa María.

Desde muy pequeña empezó a ir a la escuela; ya sabía leer, escribir y hacer cuentas. Asistió primero a una escuela cerca del Teatro Principal, la de Poza, y luego al Parador con la maestra Baltasara Prieto, madre de Nené González. Hizo la primera comunión con 7 años en San Roque, y tuvo una gran fiesta.

Boda de Pilar y Rosendo
Piruca y Ramón recién casados
Con Isolino
Piruca y Luchi con Isolino
boda Piruca 1952
Boda de Piruca y Ramón
Piruca 4 anos
Piruca con 4 años
Comunión Piruca
Comunión Piruca
Piruca e Luchi con Isolino
Piruca y Ramón con Piruquiña y Ana

Ingresó en el instituto tras prepararse en la academia Minerva. Cursó el bachillerato en el Instituto Femenino, hoy IES Valle Inclán. Recuerda con cariño a profesoras como Angelita Dapena, Carmen Gamallo, Raimunda Lusquiños o Mercedes Silva, a quien apodaban “La Corrosca”.

Quiso estudiar Magisterio para ayudar a su madre, pero al cabo de un año dejó los estudios y se dedicó de lleno a la tintorería. Allí conoció a otra empleada que también se llamaba Piruca, y juntas compartieron trabajo y amistad.

Fue también en la tienda donde conoció a Ramón Lores Argibay, que pasaba con sus amigos a dejar prendas para limpiar. Ramón trabajaba como cajero de Clases Pasivas en el edificio de Bernardo López Abadín. Se hicieron amigos, luego novios y, finalmente, se casaron cuando ella tenía solo 20 años. La boda fue en San Roque y la luna de miel en Bayona, donde visitaron a familiares de Pilar, los tíos Marina y Rafael.

Piruca de moza
La madre de Piruca Pilar Solla Cordo

De madre de familia a vendedora estrella

Tras el matrimonio, fueron a vivir con la suegra, Josefa, a una casa en la calle Isabel II en Pontevedra.

En 1976, con las hijas ya mayores, Pilar, Ana y María José, Piruca comenzó a vender productos Stanhome a domicilio. Fue todo un acierto. Gracias a su carisma y esfuerzo, no solo logró amueblar su nueva casa en la Avenida de Corbaceiras, sino también costear la carrera universitaria de su hija menor. Sus éxitos como vendedora la llevaron a ganar varios viajes a Roma y París, experiencias que disfrutó enormemente.

En 1973, tras el cierre de la tintorería, Piruca encontró en la pintura una nueva pasión. Empezó asistiendo a clases en la Herrería, luego en la calle Marquesa y más tarde en el Paseo de Colón, con Mónica como profesora. Desde entonces no ha dejado de pintar. Tiene cuadros por toda la casa, muchos de ellos pensados para sus hijos. A pesar de que en 2007 perdió el ojo derecho por una infección tras una operación de cataratas, siguió pintando con la misma ilusión.

Stanhoe 1988 Piruca
Copa de estrellas Stanhome 1988
dibujos de Piruca
Stanhome  piruca 1988
dibujos de Piruca
Piruca de viaje
dibujos de Piruca2

Viuda desde 2006, Piruca sigue disfrutando de los pequeños grandes placeres de la vida. Toma café frecuentemente con sus amigas del barrio, Elisa y Lisota, con quienes también viajó por Benidorm, Mallorca y Salou con el Imserso.

Hace apenas un año, paseando con una amiga, descubrió un centro de día recién inaugurado, AlFaRo y decidieron apuntarse, hoy considera que fue una de las mejores decisiones que ha tomado. Allí participa en actividades, aprende cosas nuevas y siempre vuelve a casa con ganas de contárselas a su nieto Mauro.

Enlace al programa de radio que no pudo ser emitido.

en onda cero Piruca
Piruca Baena

Piruca tiene cinco nietos —Carlos, Jorge, Diana, Lucía y Mauro— y dos bisnietos —Nico y Tomás—. Se siente profundamente afortunada por la familia que ha construido y agradecida por todo lo vivido. Su mayor deseo es que nunca les falte salud, porque lo demás, asegura, ya lo tienen.

Gracias, Piruca, por abrirme las puertas de tu casa y de tu memoria. Sé que en ocasiones fue un esfuerzo recordar ciertas cosas escondidas, pero lo hiciste con valentía y generosidad. Sigue pintando, riendo y disfrutando con los tuyos. Te lo mereces. In memoriam

Ana Santos Solla

Ana Santos Solla

Profesora de E.F.

Son Ana Santos, nacín en Pontevedra no ano 1960, a miña infancia estivo moi ligada a Santa María de Xeve, a terra da miña nai, son a terceira de 8 irmáns, a maior das mozas, a máis vella como me dicían de pequena. Sempre me gustou o deporte e estudei INEF en Madrid, estiven 34 anos no IES Valle Inclán impartindo Educación Física alí foi onde coñecín ao resto dos meus compañeiros que agora me acompañan neste proxecto. Decidín xubilarme para dar un novo rumbo á miña vida e levar a cabo este tipo de iniciativas como @devellabella ue pretende que o envellecemento activo convértase en embelecemento persoal e poder achegar a miña experiencia nesta etapa da vida.

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Fita a Galana

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Ana Carretón Guada por Ana Santos Solla

Ana Carretón Guada por Ana Santos Solla

Conocí  a Ana hace ya unos 20 anos en una fiesta en casa de una amiga común, y en mi recuerdo está, lo contagiosa que era su energía y su vitalidad

Hoy nuestra historia de vida es la de Ana Carretón Guada.

Ana nació un 6 de marzo de 1953 en Valtierra del rio Pisuerga provincia de Burgos, hija de Serafín Carretón García, de profesión agricultor, y de Eleuteria Guada Manzanal, modista, que se conocieran en una fiesta del pueblo y ahí empezó su aventura.

Al casarse se trasladaron de sus respectivos pueblos a Valtierra, donde formaron su hogar, tuvieron seis hijos, de los cuales la segunda murió a los once meses, cosa muy habitual entonces.  Ana fue la tercera de esos seis hermanos, cuatro chicas y dos chicos,  conoció solo a su abuelo paterno que tenía una taberna en Villanueva de Odra, sus otros abuelos murieron antes de nacer ella.

Ana Carretón con 5años
Ana en 1958
comunión de Ana Carretón 1960

Desde los cuatro años estudió en la escuela de Valtierra con sus hermanos, como en toda escuela unitaria, compartían el aula alumnas y alumnos de diferentes edades. Ana era muy inquieta y traste, no era raro que estuviera castigada por su maestra, la señorita Belén. Recuerda prender fuego a unas balas de paja con cerillas, “aquello pudo habernos matado, pero eran trastadas” me dice…

En la fotografía, el día de su primera comunión con su hermano José Manuel en 1960.

Escola 1959 Ana y sus hermanos
Ana na escola, 1959, la cuarta del medio con pelo corto empezando por la izda

Cuando tenía seis años la familia se trasladó a Burgos, sus dos hermanos mayores ya estaban estudiando allí internos en un colegio, y la madre, haciendo números, decidió que le salía a cuenta vivir en la capital. Compraron dos pisos, uno para vivir y otro para alquilar a estudiantes, y su padre consiguió un trabajo en una empresa de construcción.

Ana Carretón con sus hermanos
Miguel Angel, Jose Manuel, Ana, Milagros y Celina en 1965

Terminó el bachillerato en Saldaña, también en un colegio de monjas, luego estudió secretariado teniendo que examinarse en Bilbao, una vez que aprobó empezó a trabajar de secretaria en la empresa donde estaba su padre, Construcciones Cutillas y Hermanos.

“Quedaba en casa dedicada a sus labores, “pata quebrada y en casa”

Ana Carretón Guada

Durante estos años tuvo varios novietes, pero conoció a Jose Antonio. Jose Antonio, estudiante de aparejadores y oriundo de Forcarei, era amigo del hermano de una amiga suya, y aprovechó ese contacto: “me tienes que presentar a esa morenita”. Ana con el se reía mucho pero no le gustaba tanto, le gustaba mas otro…

Ana y Jose Antonio se casaron en 1972, ella tenía 19 años y el 24.

Jose Antonio, empezó a trabajar en una empresa de construcción en Quintanar de la Sierra, provincia de Burgos, ella se quedaba en casa dedicada a sus labores, “pata quebrada y en casa” me dice. Su primer hijo José Jesús nació en Burgos, su hermana trabajaba en obstetricia y aprovechó tras parir, para quedarse dos semanas a recuperarse. Posteriormente se trasladaron a Avilés, a un piso de sus suegros, en el que vivieron cinco años y allí se quedó embarazada de su hija Beatriz, que al igual que su hermano fue a nacer a Burgos, volviendo a Avilés tras el parto. Posteriormente se mudarón a Salas de los Infantes, Jose Antonio fue contratado por un primo para realizar obras, fueron por once meses y se quedaron 4 años y fue allí donde los niños   empezaron en la escuela y donde Ana fue haciendo amigas con las madres del colegio.

Ana con 14 años Burgos
Ana en Burgos con 14 años
boda de Ana y Jose Antonio
Ana y Jose Antonio en 1972

Posteriormente volvieron a Burgos y vivian cerca de la casa de sus padres.

Llega 1985 y es el momento de venirse a vivir a Galicia, primeiro a Cachafeiro en Forcarei, mientras el piso que compraron en Pontevedra estaba en construcción. Un año más tarde se asentaron en la capital del Lérez, los hijos iban al instituto y ella se quedaba en casa.

José Antonio enfermó, empezó con un dolor abdominal que en realidad era un cáncer de intestino, estuvo yendo y viniendo a Navarra durante cinco años hasta que ya no había tratamiento posible y la enfermedad se hizo irreversible. El padre de Ana se prejubiló para atender a los nietos ya que Ana viajaba con el a Navarra cuando lo operaban. Murió en Montecelo en el año 1990 con 42 años, Ana se quedó viuda con 37 años dos hijos con una pensión de orfandad mínima y una de viudedad muy pequeña, ya que el había cotizado sólo diez años en la empresa, sus suegros la ayudaron regularmente.

Empezó a estudiar por las noches y se matriculó en el Frei Martin Sarmiento en auxiliar de clínica, luego laboratorio y técnico de laboratorio, después de cinco años de estudio la llamaron para trabajar en Boiro de auxiliar de enfermería, iba y venía en el día, contrato de un mes, luego seguiría A Estrada, Lalín, Bueu etc..

La llamaron para ir a Montecelo a quirófano, urgencias, medicina interna… y seguía estudiando para sacar la oposición y tener una plaza fija, aprobó con una vida laboral de vente años, estuvo ya en el hospital provincial en Medicina Interna haciendo turnos de mañana, tarde o noche, lo que más le disgustaban eran las noches, solicitó en riesgos laborales una plaza sin noches y le dieron la casa del mar cuando ya tenía más de 55 años, allí estuvo diez años.

2003 no traballo en Montecelo

De su etapa en el hospital recuerda los pacientes que estaban solos y no recibían visitas, algo cada vez más frecuente, les instan a que es su trabajo atender a los pacientes, los familiares no siempre sienten empatía por el personal sanitario.

Quiso jubilarse para disfrutar la vida, su hija ya estaba casada y tenía dos nietas mellizas preciosas, su hijo trabajando. En el momento de hacerlo decidió hacer un viaje con toda la familia a Irlanda, una semana juntos en el año 2019, ese viaje lo recuerda con muchísimo cariño.

Ana Carretón con as suas netas
Ana con sus nietas
viaje a Turqui 2014
Viaje a Turquia 2014
En Irlanda con la familia 2019
En Irlanda con la familia 2019
Bodas de oro de los padres Ana Carretón
Bodas de oro de los padres Ana 

En el amor, se ilusionó varias veces pero nunca llegó a cuajar, como para irse a vivir en pareja, se lo pasó muy bien saliendo y viajando con amigas Turquía, Egipto, Nueva York, Canadá, Italia.. y los que le quedan por disfrutar.

Este es el primer año que viajará con el INSERSO, a Ibiza, está muy ilusionada, aun no conoce esta isla de las Baleares pero si todas las demás.

Dos años antes de jubilarse, su hija la matriculó en el programa universitario de mayores y le encantó, sigue cada año con asignaturas nuevas y aprovecha la oferta educativa para ir a Pilates, Bádminton y marcha nórdica, como le gusta cuidarse, dos veces por semana va a natación y cuando llega el verano disfruta de la playa “un lugar tranquilo donde me relajo y desconecto”.

70 cumpleaños de Ana
70 cumpleaños de Ana
Ana Carretón con sus hermanos
Ana y sus hermanos

Pontevedra es una ciudad que le encanta, primero se enamoró del mar y dice “de aquí  ya no me muevo”, tiene amistades desde que llegó a estas tierras y que perduran, me encanta estar y vivir aquí.

Un deseo, enamorarme en la misma medida que lo hagan de mi, estar con alguien y sentirme querida.

Con este deseo nos despedimos, en el tintero se quedan muchas cosas, su primer cadáver en urgencias, el bultito del pecho, ese billetito de mil pesetas, ese amor que pudo ser…

Gracias Ana por tu generosidad y paciencia, me tienes entre esas amigas de tiempo que quedamos y tomamos un vino con risas, o con lo que haga falta.

Ana Carretón
Ana Santos Solla

Ana Santos Solla

Profesora de E.F.

Son Ana Santos, nacín en Pontevedra no ano 1960, a miña infancia estivo moi ligada a Santa María de Xeve, a terra da miña nai, son a terceira de 8 irmáns, a maior das mozas, a máis vella como me dicían de pequena. Sempre me gustou o deporte e estudei INEF en Madrid, estiven 34 anos no IES Valle Inclán impartindo Educación Física alí foi onde coñecín ao resto dos meus compañeiros que agora me acompañan neste proxecto. Decidín xubilarme para dar un novo rumbo á miña vida e levar a cabo este tipo de iniciativas como @devellabella ue pretende que o envellecemento activo convértase en embelecemento persoal e poder achegar a miña experiencia nesta etapa da vida.

Nós os maiores aínda temos moita guerra que dar, espero que este blogue motívevos a querer colaborar connosco.

Anxo da Ferreira

Olga Martínez

José María Fernández Vázquez

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